Guérins y goldens

El couscous estaba en su justo punto, aunque las verduritas un poco avinagradas. Miraba a mi amigo , sin comprender cómo podía tomarse en una terraza un plato de lentejas en pleno verano. Hablábamos sobre la homofobia en el mundo militante denominado « de izquierdas »

-Pues sabes- le dije- Uno al que estoy empezando a leer ahora a saco, es a Daniél Guérin

-Ya, muy grande, una de las grandes figuras del anarquismo contemporáneo

-Marxismo libertario, compa. Marxismo libertario, por no decir comunismo de consejos -Le guiñé el ojo a mi incondicional amigo ‘toto’, en un pequeño afán de picarle

-Eso, eso

-Qué fuerte que saliera del armario a tan tardía edad, ¡eso es echarle valor! Aprovechó mayo del 68 para hacer el coming out a los … ¡¡¡64 años!!!

-Sí, ¡y con mujer, hijxs, y nietxs!

-¡ya ves!

A esa edad, la única razón para salir del armario, es querer ser sincero contigo mismo y con tu entorno. Es muy triste pero los roles en las edades son así, a los 64 años… Pocas posibilidades puedes tener de encontrar a alguien

-Ya… – Se me cayó el alma a los pies …

« Como que a mí, a los 21, me dicen de que se me ha pasado el arroz para hacer mi salida del armario yo también »

 

Miré al edificio de enfrente. El barrio de Madrid donde pasé mi adolescencia, es muy pequeño. Demasiado. Me pone nerviosa hablar de temas como éstos en una terraza que está enfrente de un edificio donde tantas veces abusaron de mí sexualmente. Tantos tocamientos, tantos roces, tantos insultos, tantas violaciones, tantas agresiones físicas por ser una chica que, expresada como tal, se movía por ambientes (como el del rap) restringidos a los hombres cis y hetero. Los recuerdos no son tan vívidos ahora que el edificio es de color rojo burdeos y ya no es de ese color rosita fosforito de la foto. Pero siguen ahí. Siguen ahí y no se puede hacer nada.

 

CasinodelaReina

Yo, en esta sociedad actual, soy vista como Daniel Guérin. No sólo por nuestras ideas sobre el comunismo, sino porque parece que, ahora, salir del armario a los 20 es salir del armario « muy tarde ». O al menos así te lo juzgan no pocas lesbianas.

Mi lesbianismo siempre estuvo ahí. Pero mi historia no es nada típica

 

En mi infancia yo no era (como se definen algunas lesbianas ‘golden‘ con ganas de hacer alguna especie de tribu donde todas tienen la misma historia) la típica niña-que-juega-con-cochecitos-y-al-futbol-con-los-nenes. No, yo no podía jugar a los cochecitos, ni al fútbol. De hecho no podía jugar a nada. De hecho no podía hacer educación física porque tengo una enfermedad degenerativa. Cosas como el ski, los patines, el skate… están terminantemente prohibidas para mí, si no quiero terminar con las rodillas mirando para La Meca. Con las niñas tampoco me gustaba jugar porque no entendía los roles atribuídos a las niñas, aunque tampoco me caían bien los niños. De hecho a mí me caía y me cae mal todo el mundo. Por lo que jugaba sola. Dibujaba y escribía sola, leía mangas, escribía raps o algo parecido. No tuve amigxs cuando era pequeña. Yo así era feliz y de hecho soy feliz.

A los 10 años, escribía relatos donde el nudo principal se centraba en una historia de amor entre dos mujeres, Sara y Megan se llamaban. La primera era rapera y fan de la Mala Rodríguez, la segunda era trabajadora del sexo y nigeriana. Que qué coño hacía a los 10 años hablando del trabajo sexual y de Nigeria, pues no tengo ni idea. El caso es que las dibujaba juntas, luego las pintaba con Photoshop o con los los blupens, y me lo pasa muy bien. El hijo de mi padrino veía mis dibujos a veces, le expresé la duda de que a lo mejor yo era « bisexual como Christina Aguilera », y no me acuerdo que me respondió así que no sería algo muy relevante. Sobre esa misma edad, empecé a hacerme raps robándole bases a Don Omar, me vino la regla, y la psicóloga del colegio me sacaba a preguntarme cosas, luego me pusieron en un programa de niñxs « con problemas curriculares »: Mi ‘problema’ era que pasaba de la profesora por dibujar y escribir y enfrascarme en mi mundo. Así que la Comunidad de Madrid me puso en ese programa. Ahí conocí a una chica, que durante varios años fue mi mejor amiga.

Ella era la típica lesbiana golden, lesbiana arquetípica, de libro, de estas que a los 12-13 ya lo tienen clarito y ya han tenido al menos una o dos novias. Supongo que a algo así sólo pueden llegar chicas que les gusta socializar al menos más que a mí, porque a mí, salvo ella y pocxs más, no confiaba en la gente, y así imposible echarse novia. No entiendo por qué estaba en ese programa, supongo que porque ella era y es muy inteligente.

Yo ante ella y ante todo el mundo llevaba vida de la perfecta heterosexual de 11-12 años, que dice que Justin (en nuestra época, el único Justin que había, era Timberlake) estaba buenísimo, que Chris Brown también, y todo eso. Lo decía la Mtv así que yo también. Así que ella si se echaba pareja, me lo contaba sin problemas sin sospechar… Mientras yo me moría por dentro.

Ella y yo parece que éramos las únicas que no sospechábamos de mi lesbianismo, porque al resto les parecía un canteo. En el instituto al que iba, un día me acorralaron entre 40 personas a la salida, acompañados de los más malotes del barrio de las UVAS de Getafe Norte. Que me habían visto con ella, que veían cómo la miraba, que yo era lesbiana, que me fuera a comer coños a Chueca. Me intentaron pegar, le abrieron proceso en el expediente a 10 de las niñas y niños que me agredieron ese día.

Un día no pude más con aquella chica, estallé lo más ‘drama gouine’ posible, justo enfrente de mi portal. Le dije que creía que ella me gustaba, que me sentía celosa, empecé a llorar mucho. Ella se alejó por la calle, y nunca más volvimos a quedar.

Me salí del programa y ella también. Sin su compañía, yo me sentía muy sola, estaba entrando en una depresión. Sólo se juntaban conmigo en el recreo un niño (que sigue siendo uno de mis mejores amigos y que resulta que salió maricón perdío), y dos niñas (una de ellas también bollera perdía).  Mis padres como último recurso, me dijeron que podía pasarme por un taller de rap que se hacía en el centro de Madrid, en Lavapiés con niños y niñas de mi edad, habían visto el anuncio en el 20 minutos. Me pareció súper interesante así que fui acompañada de mis padres.

Mi primer día allí fue positivo. Estaba la tele haciendo un documental, había muchas niñas y muchos niños. Dos chicas guineanas hablaron con la dirección del Casino de la Reina (entonces, el edifico era de color rosa fosforito) para hacer un taller de rap no mixto. Flipé con la idea, así que fui más sábados, que fueron bastante diferentes al resto: Todo hombres, mayores de edad, cis, heteros, muy viriles, muy rastafaris, que fumaban porros a escondidas del monitor en la casita de enfrente del Casino. Las dos guineanas no volvieron. Pensé que era provisional aquel ambiente, que las niñas volverían, o que llegarían otras. No le hablaba a nadie, me quedaba en una esquina observando. Hasta que el co-monitor del proyecto, que vio que yo era muy tímida y débil, me presentó al resto de gente. Pero también me dio su número.

Me empezaron a agregar al messenger tipos extraños, raperuchos del taller, algunos sobrepasaban los 35 con mucha alegría. Decían que yo no era como las demás raperas, que yo era « muy femenina, muy linda, muy amable ». Querían tener citas conmigo. Sólo acepté cita con el co-monitor porque era el menos desagradable y el menos viejo (tenía 19-20 años). Y ahí empezó mi infierno.

No quiero entrar en detalles. Fueron muchas veces durante 7 meses. Quería, yo, desde mi concepción romántica, que mi primer beso y mis primeros contactos sexuales hubieran sido con alguien a quien yo de verdad deseara, a quien realmente pudiera decirle « sí » muy segura. No con alguien que me violaba mientras sonaba la canción de Porta de « las niñas de hoy en día son todas unas guarras » de fondo y que le daba mi número y mi messenger a sus colegas para que me intentaran violar también. Algunos llegaron a tocarme, el monitor se callaba como buena escoria que era y el co-monitor era feliz, me trataba como si yo fuera un bitcoin o un peta que se pasaba entre sus amigos, « tómala, puedes follártela si quieres, virginiña y yo sólo somos follamigos ». Era capaz de violarme delante de sus amigotes rastafaris emanantes de « paz y amor ». Era capaz de reclamarse musulmán y a su vez ser pagano (como buen rastafari) y hacer todo lo ‘haram’ del mundo, parecía sacado de Nation of Islam (…a saber). Era capaz de llamar a mi madre « mamá » y de mentir a mis padres diciéndoles, mirándoles a los ojos sin pestañear, que jamás ni él ni otras personas del Rapeadero de Lavapiés se habían propasado conmigo, mientras a mí él a escondidas me amenazaba con secuestrarme y apalizarme si yo contaba algo, la última vez incluso me sacó un cuchillo de cocina.  Y por supuesto, el chaval era así con otras mujeres cis, las chicas más mayores preferían no ir a una fiesta si sabían que él iba a estar, porque era y es un baboso.

Pero pensé que la vida era así, que el amor y el sexo pues también, que era lo que tocaba, que había que integrarse en la sociedad, que en el mundo del rap esto era lo que había. Que a los 13 años una ya sabe mucho de la vida. Incluso pensé que las violaciones eran guays, porque bueno, no sabía (NI SÉ) qué es el sexo heterosexual sin violación.Y en resumen. Me olvidé de ese lesbianismo mío.

Llegó el día en el que estallé, le conté todo a mi viejo, su viejo fue a su casa a romperle todos los muebles de su habitación (vivía en una casa compartida), el tío se acojonó y 3 meses después emigró a Suiza. Yo, feliz, seguí en el taller durante 2 años más (pasé un total de 3 años en este proyecto, de los 13 a los 16), bastante más tranquila sin la presencia de este infraser. Pero a mí me faltó analizar bien las cosas, creíamos que él era el problema, pero el problema eran toda la gente de ese sitio y de un monitor que pasaba de las agresiones sexistas, porque las agresiones con miembros del taller se repitieron. Uno de los pibes nuevos, de unos 33 años, se intentó propasar conmigo, no lo consiguió así que agredió sexualmente a una niña de mi edad y que encima tenía diversidad funcional. Cuando yo empecé a dejar de lado el rapeadero, este mismo hombre convenció a un chico (que yo consideraba ‘colega’) para que « le pudiera pasar a su novia » (mi mejor amiga de allá), y la terminaron violando entre los dos.

 

Todo esto lo veíamos como normal, era la vida, la vida del barrio de Lavapiés, al que yo iba todos los fines de semana y que, por suerte, ahora está tan cambiado gracias al curro de las feministas locales. Si querías tener amigos y no estar sola, se la tenías que chupar a alguno, si no tenías pasta para el chino, « tenías que dejarte ». Yo era la única que me animaba a rapear, mi mejor amiga de allá, y otras dos chicas que llegaron, nunca se atrevieron a coger el micro. Me atreví a hacer rimas más o menos feministas, y con toda el odio recogido de mis años anteriores, reversioné la canción de Porta: « Los chicos sólo buscan mamadas, los chicos sólo saben cuánto les mide la tranca, los chicos siempre ignoran qué sentimos, cuando les hablamos se les tapan los oídos. » Esto lo canté incluso delante del propio Porta (Saintz Row II, octubre 2008), cosa que me catartizó mucho. El monitor aceptó que yo cantara eso, pero con el comentario de  « No todos somos así, eso sólo son algunos chicos pero (…) hay que vivir con ello, yo a los pederastas que se pajeaban en el patio de mi colegio detrás de las rejas, les tirábamos piedras y asunto arreglado, no hay que generalizar… »

Los 15-16 tienen lo que tienen, y esto es siempre: una inmadurez que implica no conocerte bien a tí misma, sobre todo cuando eres mujer y te imponen el heteropatriarcado a base de violaciones. No existe la resignación a la heterosexualidad sin un proceso de: 1º violencia (agresión sexual directa o indirecta), 2º culpa y aceptación de situaciones así, y 3º …repetición de patrones. Y este ciclo se repite, una y otra vez.

Y algo así vino a pasarme a mí. Yo era una especie de agujero para los tíos, y yo pensaba que eso era guay, síndrome de Stockholm que le llaman. No sé cuantos tíos se aprovecharon de mí en esa etapa tan conflictiva para mí espiritualmente, no sabría dar una cifra. Pero, pensaba yo, que el sexo, sólo era con hombres, y que aunque yo no tuviera ganas de hacerlo, era lo que tocaba, pues sabía que lo contrario a la heterosexualidad, es quedarse sola, y aunque yo adore la soledad por encima de todas las cosas (curioso que mi madre además se llame así, no sé si será condicionante), en este mundo de mierda, si eres diferente, tu integridad física corre peligro, y resulta que yo estoy enferma, por lo que mi individualidad me pareció un ‘lujo del que podía prescindir’ con tal de salvar mi pellejo. Mi cuerpo era mi gran escenario de teatro, mi espíritu vivía lejos de mí. De hecho no sentía mi espíritu, no sentía nada de espiritualidad. Nada. Vacío. Eso es lo que me ha dado la heterosexualidad impuesta.

 

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Pero en el rapeadero, mi amiga I. y su novio me presentaron a una chica, y a su hermano. La chica era alta, de piel suavecita y calentita, iba siempre con boinas parisinas, era muy culta y talentosa y de niña fue deportista de alto rendimiento en el equipo de su instituto (uno muy conocido que no mencionaré). Era inteligente, risueña, soñadora… Ella me encantaba. Nos cuidábamos, nos queríamos, nos hacíamos regalos…

Y por esas fechas, mi madre me puso al fin internet y windows vista en casa, y pude obtener el permiso de la Comunidad de Madrid para sacarme el bachillerato a distancia. Vamos, que ahí vino mi adicción al internet. Cielos santo. No podía parar de ver porno lésbico y yuri, no podía parar. Después, me sentía muy culpable, mucho. Decía que bueno que eran fantasías, que lo de que pinchara siempre vídeos donde la chica se parecía a ella, que era mera casualidad, además las fantasías son fantasías, que es como quien juega al rol o al GTA, que no trasciende de la pantalla… Mientras, el hermano de ella, que era el típico niñato acomplejado por no haber sido nunca el líder de una machopandi, me decía cosas raras por messenger, y yo ya no sabía si le gustaba, si me odiaba, o yo que sé.

Un día, la chica me invitó a su casa. Recuerdo perfectamente cómo cuando yo entraba en el portal, su hermano iba saliendo con uno de sus amigos anarcomacholumpens (de estos que ahora escuchan a Jarfaiter) y que me miró de malas maneras. Subí, la madre de ella nos había hecho torrijas con mucha azúcar blanca, nos las comimos, y en su habitación nos tumbamos una frente a la otra, mirándonos a los ojos « jo, la curva de entre tu cintura y tu cadera parece una pista de skate », sus ojos eran negros y profundos… « si un chico me mirara así pensaría que es un aprovechado, pero como eres tú, no lo pienso »… Yo no la escuchaba, sólo quería besarla, dulcemente, y después abrazarme a ella. Había ido a su casa sabiendo que la quería besar y… no la besé. No, porque me daba palo, la madre ahí haciéndonos la merienda, y yo hacerla eso, no podía crearle una inestabilidad así a ella.

Pocas semanas después, las dos cambiamos de chip completamente. Ella se puso a salir con el típico pesado que llevaba años pidiéndola salir, y yo también me puse a salir con un chico… Su hermano. Yo tenía problemas en casa y problemas espirituales (bueno, esto último lo tengo siempre), el novio de ella también, así que nos fuimos ambas parejas a vivir a la casa de lxs dos hermanxs, donde además vivía su familia, y dos gatitas. Os podéis imaginar el caos de convivencia que hace que unos 8 seres vivan en 50 metros cuadrados. Ahí pasó de todo en menos de un año y un tercio. El novio de ella un día se fue, no me acuerdo a santo de qué porque él era continuamente un gilipollas, ella empezó a llorar desconsoladamente… Todavía siento sus manos calientes y empapadas de lágrimas con las mías sujetándose, y a ella diciéndome… « Estoy enamorada de él… « . Fue como si me habría soltado las manos de repente para meterme una navaja en medio del estómago. Sentí morir en ese preciso instante… ya había muerto muchas veces y resucitado otras tantas, pero como esa, pocas.

Yo por mi parte, dejé los estudios como quien dice, dejé a mis padres, dejé el rapeadero, y me enfrasqué de lleno en la relación tóxica que tenía con su hermano, clásico maltratador de libro que se merecería un post aparte. Ella estaba en la habitación de al lado, pero a veces ni nos saludábamos. A veces, cuando él se dormía, me iba al salón y ponía a hablar con ella (a quien tenía que tratar de « cuñada », en fin), en plan destrangis. Salíamos a escondidas de él para ir a leer juntas libros a la biblioteca, o a comprar ropa, a pasear. En San Valentín del 2011, me pidió que la regalara una caja de bombones para San Valentín. Y yo, con mucha elegancia, cumplí mi promesa… « Sabes hermano? [Griotte] es la novia ideal, quiero que sea mi novia también »

En resumen, la jugaba al ‘bromance’. Pero yo cumplía rigurosamente mi monogamia heterosexual con su hermano (salvo cuando disponía de un ordenador para chatear en chats lésbicos, todo muy a escondidas). Iba en contra de mis deseos. Yo intenté prevenir, eso que conste; poco después de empezar a convivir juntos , yo intenté decirle a su hermano, que yo sentía que las mujeres (¿también?) me atraían, que yo « me enamoraba de las personas » (vamos, de esas postmoderneces que dices cuando estás cagada de miedo). Su respuesta fue romper un ventilador y partirme a mí la cara. Llamó a mi madre diciéndole que yo era una sádica que disfrutaba mintiéndole, luego me obligó a llamar a mi mejor amigo para decirle nosequé (el cual se ralló y estuvo enviándome mensajes de texto toda la tarde, que nunca llegué a responder). Así que bueno preferí decir que sí, que estaba loca, que seguramente yo tenía TLP, que todo era mentira, que yo era heterosexual totalmente pero que miento compulsivamente. Y tal. No sé si alguien llegó a creérselo, creo que no se lo creyeron ni las gatas, aunque yo sí que me creí que yo era una mala persona. Intenté suicidarme por esas fechas, pero ni para eso tenía valor. Así que preferí no sucumbir seguir con la vida, la heterosexual, como bien me dijo él « tu única alternativa en la vida, es follar conmigo », me lo creí y lo apliqué: Elegí, para sobrevivir en ese contexto, y para estar cerca de ella, una vida de prostitución. Sólo que tenía un cliente fijo (su hermano), y en vez de a destajo, cobraba con techo, comida, y Xbox, en plan voluntariado como los del WOOOF, pero bajo la máscara de la sociedad, hipócritamente heterosexual. Podría ponerme a especular, y a decir que la heterosexualidad es una prostitución constante (la cual puede tener muchas caras dependiendo del contexto) , y que por eso me parece hipócrita que el feminismo de la igualdad se centre en abolir solamente el trabajo sexual a destajo en vez de abolir la explotación laboral y el sistema heterosexual y binario. Pero eso otro día.

Poco antes de que rompiéramos él y yo, pasó otro acontecimiento. Ella, con el bromance, un día me tiró de la goma de las bragas delante de él. No sé qué cara tuve que poner yo, seguramente ojos de cordero degollado. El caso es que él se puso a gritarnos como un energúmeno, que finalizó con un « El día que te vi en el Saintz Row actuando tendría que haberlo sospechado… eres lesbiana, odias a los hombres y me odias porque tengo pene! márchate de mi casa! »  Esto ocurrió poco después de la acampada del 15M, donde desaparecí durante una semana en una tienda de campaña con el propósito de que ocurriera alguna de esas maravillosas guarradas hippies-pránicas donde pudiera al fin, con 18 años, besar a una chica.

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Empecé a replanteármelo todo de nuevo. Rompí de nuevo con él poco antes de mi cumple, que suele coincidir casi siempre con el día del Orgullo LGTBIQ de Madrid. Mi mejor amigo me llamó y me propuso ir. No me lo pensé dos veces. Pero Dios quiso que entre las millones de personas que había en la Gran Vía en ese momento, que me topara con mi cuñada y con I. (mi mejor amiga del rapeadero) las cuales iban acompañadas de unas chicas que iban con unos gogós. Evidentemente la cuñadita no me guardó el secreto, pues sabía que si yo iba al Orgullo no era para emborracharme ni para besar gogós. Dramón.

En fin, volvimos un poco después, meh, 3 meses muy tontos, donde supe imponerme. La fiesta se le terminó al niñato cuando I. me contó cómo aquellos dos energúmenos del rapeadero la habían violado, y cómo mi entonces novio estaba al tanto de dicha agresión y de cómo se la sudaba. Ahí no me tembló el pulso para cortar con él. Le bloqueé de todo, pero me perseguía en mi barrio, por lo que decidí hablarle en su lenguaje, en el machirulo, es decir, en el de la mentira: « Es que he conocido a un chico, se llama Teo, y es más alto, más inteligente, y más culto que tú. No te quiero, le quiero a él ». Ya ahí entró en razón el chaval, y aunque hasta hace nada seguía stalkeándome (tronca, han pasado 3 años desde que corté con él y aun así me sigue intentando contactar!), pues ya estos últimos 3 años lo hace con poca frecuencia, al principio me molestaba cada 3-4 meses, luego cada 7-8 y ya creo que el disgusto se le ha pasado.

 

Empecé a hacer vida social gracias a esta maquinita, y liarme con una chica poco después de cortar con él, aunque la chica tenía novio. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que la di a una chica un beso con lengua. Sentí que se me desplegaba eso que llaman los jipiosos el « kundalini », algo detrás del coxis me ardía. Metro línea cinco, dirección Callao. Yo llevaba una falda marrón, ella un collar de encaje con un cascabel. La puse contra la pared del cristal de la puerta, mi coxis buscaba acercarse a ella. Ahí descubrí lo que era el deseo sexual.

Pasó todo el curso, entre mis estudios de 2º de bachillerato y mis ganas de superar el pasado. En cuanto hice selectividad, al día siguiente me cogí un vuelo y me fui lejos, muy lejos de Madrid. Conocí a una chica. Me enamoré y me enamoro de ella siempre que la veo. Y me enamoré de otra, y de otra, y de otra de más allá. El caso es que por ellas, yo emigré a otro país. Por ellas aprendí otra lengua, me puse a trabajar, alquilé un piso, me echaron, me fui a vivir a un centro de reinsercción de personas que viven en la calle, por ellas hasta dormí en un bosque en pleno invierno y lloviendo. Y en esa ciudad, en Marsella, y en muchas otras ciudades como Toulouse, París, barcelona, conocí a unas hermanas feministas estupendas, y ahora  a los 21 años, sé que tengo que salir del armario, y decir que yo soy lesbiana, es de lo único que estoy segura al 100% en la vida, de ello y de mis creencias, Dios es amor, y para mi el amor es lesbiano. Como leí en un blog francés, « Si Dios está en alguna parte, está entre las piernas de una mujer »

 

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O como dirían en el barrio de la Plaine en Marseille « por ella mancillaría tu pared » (graffiti hecho por un comando SCUM local)

Y mi coming out ¿a quién se lo debo? Porque mi coming out no se lo debo a las lesbianas golden, a esas lesbianas homonormativas que te piden el currículum sexual antes de entrar en un bar, que te miran como ‘sucia’ si saben has estado con hombres antes (y te miran de la misma manera que un machirulo) aunque muchas de esas relaciones ni fueran consentidas ni mucho menos meditadas. A esas que se creen que si sales del armario tarde, es porque eres lesbiana « por moda » o por « política ». Esas que miran mal el lesbianismo « converso » que proponía Wittig, porque se sienten orgullosas de tener un « pedigrí ». No, no se lo debo a ellas. Pues nunca fueron comprensivas conmigo.

Mi coming out se lo debo al feminismo y más en concreto al lesbofeminismo,  Solanas con su frase de « hay que haber tenido mucho sexo para llegar al antisexo », a Aileen Wuornos por aplicar en la práctica la teoría SCUM, se lo debo a Wittig por exponer el sistema heterosexual, se lo debo a Marisa Castro y a E.P por haberme pagado el 50% de mi aborto a los 16 años porque por la seguridad social había una espera eterna y si no hubiera abortado me habría visto avocada a una vida heterosexual de mierda, se lo debo a quien me dijo que si no decía « sí » también era no, a quien me dijo que nadie podía juzgarme por mi pasado, a quien me dio las gafas violetas, se lo debo a las Lesboterroristas de México, se lo debo a Frida, a Itziar Ziga, y en fin, a mucha gente afín que puede que me estén leyendo y que no me cabrían en un solo artículo. Y es curioso que yo haya sido antes lesbiana que feminista (joder, algunas ya conocéis mis andanzas) , y sea en cambio el feminismo el que me ha ayudado a salir frente al mundo en tanto que lesbiana.

 

Así que desde aquí, pido mis disculpas a todas esas lesbianas de pedigrí que yo haya podido molestar. Siento ser una Guérin que sale del armario tarde, siento no ser una ‘golden’. Siento estar ‘mancillada’. Siento que me violaran a los 13 años, siento que hayan estado abusando sexualmente de mí durante más de la primera mitad de mi vida sexual, siento haber nacido en un sistema heteropatriarcal y en la cultura de la violación. Siento ser una tontita (porque vosotras sois muy listas, claro, salisteis del armario antes que yo) que no sabe darse cuenta de que le ponen los higos aunque la tele, internet y las revistas la digan que la heterosexualidad es la única vía posible.

Ya siento que seáis unas capacitistas, ya siento no haber tenido las mismas capacidades sociales que vosotras en la pubertad, de desconfiar de la gente, de ser eso que llaman « aspi », siento mucho que mi misantropía me haya impedido darme cuenta de ese bollerismo desproporcional y desmesurado que tanto me llena el alma. Ya siento que haber sido víctima de bulling lesbofóbico me haya hecho no reconocer mi identidad y de haber visto peligrar mi vida en 2 ocasiones a causa de la lesbofobia. Ya siento que el resto de lesbianas del mundo sean tan tontitas como yo por salir del armario tarde, ya que viven en sociedades, países y barrios donde si salen del armario ¿sabes? a lo mejor las matan, y nadie quiere que a los 14-15 años un tercero le mate porque ya nos matamos nosotras por dentro. Ya siento tener esa mala costumbre que tiene el ser humano de instinto de supervivencia. Ya siento ser tan tonta, tan poco analítica conmigo misma, siento haber repetido patrones, porque claro, todo el mundo sabe que es muy fácil cambiar el chip, puedes perfectamente pasar de estar con un machirulo en casa pegándote hasta la extenuación, a ser la reina butch de las bolleras en menos de 24 horas y que incluso te sobren 2 horas para tomarte una paella. Siento que mi proceso haya sido, según vosotras, tan « lento ».

 

Antes, en la época de mis abuelos, mi edad, era la edad normal donde la peña (una peña muy valiente que por cierto solían ejecutar y que era minoritaria) solía salir del armario. Ahora salen del armario a los 14-15, porque a lo mejor llevan teniendo encuentros sexuales (posiblemente no consentidos en la gran mayoría de las ocasiones, pues lejos de querer sonar ageista, en la pubertad NO tienes capacidad de consentimiento) desde mucho antes. En 2005, la media estaba a los 13 años, no me extrañaría que ahora la media haya bajado a 10. No me extrañaría nada. No poca gente me dice que empezaron a tener encuentros sexuales a esa edad… En fin, la gente presumen de ser madurxs antes de tiempo, y culpabilizan a aquél(la) que lleva unos procesos de aceptación a sí mismxs más lento.

 

Por lo que sí, si soy algo, soy lesbiana, quizás « lesbiana conversa » quizás de coming out tardío como el gran Daniel Guérin, quizás lo mismo dé. 

Soy como Guérin, y ¡qué coño! porque la espera me ha merecido la pena, porque me merezco ser feliz, y porque estoy muy orgullosa de mí misma en este aspecto: Yo, como diría una grande, ¡soy más golden que vosotras!

 

Y antes de juzgarnos entre nosotras, deberíamos comprender a la otra antes de caer en esencialismos , que en eso consiste la sororidad y ¡qué hostias! ¡Hay que disfrutar más!

 

Buenas noches 🙂

 

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Publié le 30 août 2014, dans Non classé, et tagué . Bookmarquez ce permalien. 2 Commentaires.

  1. Es muy necesario que se hable de estas cosas y tú eres muy valiente. Gracias.

    ¿Pero sabes que lo que publicas en internet se queda para toda la vida?
    A lo mejor cuando tengas 50 años, por múltiples razones, no te apetece que todo el mundo sepa esto.

    ¡Cuídate!

    PD. Otro testimonio sobre cómo todas las mujeres del mundo hemos sufrido algún tipo de agresión sexual: http://gaelx.tumblr.com/day/2014/08/30

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