¿Es incómodo hablar de lesbofobia un 25N?

Me acuerdo perfectamente de aquel día. Tenía 17 años recién cumplidos. Era verano. Había dormido la siesta durante toda la tarde con mi novio de entonces.

No sé lo que soñé en la siesta aquel día. A veces no sueño, sino que pienso, pero pienso la hostia de movidas y saco muy buenas conclusiones así. Me levanté extasiada, iluminada. No he tenido un momento tan lúcido en mi vida.

« Tengo que decirte una cosa… Creo que me gustan las mujeres »

Él se sentó en la cama, llevándose las manos a la cabeza, anonadado. Yo en verdad estaba tan anonadada como él. Fue una especie de revelación divina. De repente me acordé que él era mi novio, que le tenía miedo y que él era una autoridad frente a mí, entonces me di cuenta de que la había cagado e intenté rectificar como pude:

« Bueno, yo a ver… en verdad. A mí lo que me gustan son las personas, las mentes, independientemente de su cuerpo »

Hice el copipast de la película de Martín Hache, que, por cierto, hacía poco que acababa de ver con aquel chico. Terminé la frase con satisfacción, pensando « como he reformulado la frase de su film favorito, seguro que lo entenderá ».

Pero su respuesta fue romper un ventilador, partirme a mí la cara, llamar a mi madre diciendo que yo era una mitómana que le decía que yo era bisexual para hacerle sufrir y decirle de seguido que « me había puesto mala », hacerme desaparecer dos noches de mi casa, volver a partirme el cuerpo a hostias, hacerme llamar a mi mejor amigo obligándole a decirle mi orientación sexual (que bueno, mi mejor amigo, en tanto que marica, se imaginaba mi situación), preocupar a mi amigo el cual se hartó a enviarme mensajes diciéndome « sal de ahí como puedas y vente para mi barrio » que por supuesto no pude responder. Decirme « ey, ahí abajo hay dos chicas que me han dicho que quieren rollo contigo » en tono irónico y despectivo. Querer irme de su casa, decirme de hablar, escupirme en la cara unas cinco veces enmedio de su barrio. Afirmarme que « tener una novia bisexual es peor que tener una novia nazi ». Anochecer y seguir con la discusión, retirar yo finalmente lo que había dicho por la mañana, querer dormir en habitaciones separadas y él venir a despertarme, a violarme. A obligarme a ver vídeos porno lésbicos para ver a ver si yo me ponía caliente o no y pegarme otra paliza de nuevo al ver mi inevitable erección clitoridiana.

Despertarme llena de moratones absolutamente inmóvil, despertarme donde él vuelve a ser pobre « buen chico » que ha tenido la desgracia de tener una novia choni, roja, vasca, más puta que las gallinas, y encima ahora ¡bisexual!  O incluso quizás lesbiana. Él siempre lo había imaginado. Si no ¿por qué sufrí un ataque lesbófobo en el marco del acoso escolar que sufrí en la adolescencia, donde a los 13 años me rodearon entre 40 tipxs del barrio diciéndome que me fuera a comer coños a Chueca?

No denuncié ninguna de aquellas dos situaciones. Personalmente, me arripiento, pues me terminé vengando por mi cuenta por ambos ataques lesbófobos de una manera poco preparada, y ahora tengo dos juicios pendientes pues al final fueron ellxs lxs que me denunciaron a mí en las dos ocasiones. Es más, esto que escribo es poco preparado, y quizás sirva para otro nuevo juicio que me puedan abrir por calumnias, o por acoso informático, o por amenazas, o por incluso apología a banda armada, pues os aseguro que un comando SCUM se hará y que este estará armado.

Ambos sucesos doy fe que me marcaron. En su día me traumatizaron. Me traumatizaron como las centenares de violaciones que debo de haber vivido y que prefiero ni recordar para no terminar el día de mañana tirándome por algún acantilado de las Calanques. Pero a día de hoy resurjo de mis cenizas. He luchado mucho para estar donde estoy. Para dejarme tocar sin miedo, para aceptar mi cuerpo, para aceptar lo sano que es ser bollera, lo sano que es ser guarra, lo enriquecedor que es el amor libre entre nosotrAs. No sé quién soy, en ningún plano ideológico, ni geográfico, ni político, ni tan siquiera de género pues ni siquiera sé si soy mujer. Sólo sé que soy bollera, esto es, soy una golfa no-mixta. Es mi identidad, es mía porque yo me la he trabajado.

Hoy, 25 de noviembre, es día internacional contra la violencia machista. Se habla de los celos, de que te quiten el móvil, de que te agredan sexualmente los hombres, del acoso callejero, etcétera. Pero no se habla de las violencias lesbófobas, que se deben exactamente a las mismas causas que las mencionadas. Parece que según el feminismo blanco y heterosexual, las violencias lesbófobas no son violencia machista, es « otra cosa ». Las bolleras siempre estamos condenadas a la otredad. Estamos condenadas a ello porque si salieran a la luz los porcentajes de hombres cis y hetero que prohíben a sus parejas mujeres (cis o trans) que se hagan lesbianas, fliparíais. Fliparíais con la cantidad de hombres cis  impidiéndolas intimidad con sus amigas, impidiéndolas disfrutar de su sexualidad sin que ellos intervengan, llegar a la agresión física cuando ella esta convencida de no querer seguir con él y de querer comenzar algo con una chica y de que esto ocurra aun en marcos de poliamor, de hablar de « chicas confundidas », de llamar a la agresión colectiva de una mujer entre 5 machos, de no dejarlas ser dueñas de su cuerpo, y aun atrapándolas en sus redes ¡no dejar que se corran tan siquiera!

Sé perfectamente que mi caso no es un caso aislado porque mientras yo cuento esto, centenares están muriendo en una situación parecida a la que podría haber llegado a morir yo en manos de mi ex. Me gustaría tener un ordenador omnipotente y todopoderoso, que pudiera hacerle encuestas a todas las mujeres del mundo, y saber en cuántos casos el hombre ha levantado la mano o su polla JUSTO después de que ella dijera un « me gustan las mujeres ». Sería la hostia y una jodida revelación que a nadie le interesa, porque eso se plantearía el régimen heterosexual y eso no conviene que se deshaga. Es mucho mejor hablar de las mujeres que ya han muerto y que no pueden hablar, pintarlas de pobrecitas y de débiles, hacer razonamientos del tipo « ella no le dejó porque le amaba » cuando no tenemos ni idea de los deseos de la asesinada, ni de lo que es el amor ni de sus diferencias con la dependencia emocional. Es que claro ¿os lo imagináis? Si dichos deseos se comentaran en las noticias, podría parecer que incluso una mujer es capaz de pensar e incluso de desear, cuando para el sistema heterosexual y su feminismo blanco-hetero-lacayo, las mujeres sólo están para ponerles velitas cuando se mueran por asfixia en manos de un macho. Si la chica pudiera asomar un atisbo de no-heterosexualidad, se perdería el bello sensacionalismo de las noticias de violencia machista. Ella es un peluche, si pasa a tener deseos sexuales entonces sería una guarra, una puta, una lesbiana, otra cosa… Nuevamente, « otredad ». Y ya sabemos que para el sistema, lo « otro » cuanto más arda en la hoguera, mejor, y nuestras sorginak, y nuestra Aileen Wuornos, bien lo saben.

Es por eso, que los casos de lesbofobia, de homofobia, de bifobia y de transfobia (sea FTM ou MTF) también cuentan como violencia machista. Separar la « homofobia » del « sexismo » es un error semántico enorme que nos impide ver el todo de la cuestión: El patriarcado, la misoginia, el sistema de posesión y objetificación de los géneros no hegemónicos ¿o acaso conocéis a un maltratador o agresor sexual hombre y cis que sea un encanto en cuanto a diversidad sexual? Porque yo, no.

Hablemos de lo incómodo: De que todas las mujeres tenemos una bollera dentro que nadie podrá callar. Un « Yo » irreverente, autónomx, egoísta, cani, viciosx, fogosx independiente e individualista pero a su vez tiernx, empáticx y enamoradx y devotx del resto de mujeres, ése es nuestro « bo-YO », nuestra faceta lésbica. Escuchadla, antes de que la maten o se suicide… O antes de que te maten o te suiciden.

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Publié le 25 novembre 2014, dans Non classé. Bookmarquez ce permalien. 1 Commentaire.

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