El lesbianismo como opción mística

¿Las lesbianas, y más ampliamente las personas heterodivergentes…tenemos alma?

Es una pregunta retórica que planteo. Nunca se habla de los derechos espirituales a los que (deberíamos poder) acceder las bolleras, sea esta espiritualidad de origen abrahámico o no.

La censura de determinadas prácticas sexuales comenzó con el descubrimiento de las colonias y el imperialismo más hardcore: Por ejemplo, en el sur de Europa la iglesia católica se endureció más todavía con el nacimiento de la Inquisición tanto en la Corona de Castilla y Aragón (1478), como en Portugal (1536) y en Roma (1532). Los territorios de mayoría musulmana empezaron a prohibir los retoces entre personas del mismo género ya bien entrado el siglo XX, conforme el segundo imperialismo europeo comenzó a azotar el continente africano y Oriente Medio. Ídem aquellos territorios de mayoría hinduísta, que tampoco se habían posicionado contra prácticas sexoafectivas tales; fue el imperio Británico quien homofobizó las leyes en la India, por ejemplo. Es más, cada vez hay más artículos hablando sobre la relación entre países con altos índices de homofobia y su origen de ex-colonia británica.

Identificado pues, que ningún Libro Sagrado (o librito, o rito, o conjunto de creencias) es per se homofóbico o  estrictamente heteronormativo , y que son las ambiciones imperialistas y patriarcales por parte de los burgueses europeos quienes se encargaron de homofobizar las religiones en la Edad Moderna, podemos hacernos a la idea de que todas las religiones, espiritualidades, ritos, etc. han sido reescritas por el vencedor hombre cis heterosexual, blanco y burgués, escondiendo la espiritualidad que más podría hacerle competencia: La espiritualidad transmaricabollo, y más en concreto la espiritualidad lesbiana.

Actualmente, existen espiritualidades feministas o ‘femeninas’, ejemplo de ello son los feminismos islámicos y las diversas espiritualidades de América del Sur que rescatan creencias pre-coloniales basadas en el panteísmo y/o en el cuidado de la « Madre Tierra ». Pero, como todo en esta vida, nada se libra de la heteronorma que nos impusieron con tanto ahínco hace  siglos. Estas espiritualidades, aunque visibilicen más la autonomía de la mujer, en no pocas ocasiones dan por entendido que la (obligatoria) pareja de « la mujer » ha de ser (obligatoriamente) un hombre cisgénero, cayendo además en un binarismo atroz. En este bache posiblemente tengan mucho que ver los recicles que han intentado hacer los bobos (bourgeois-bohème: burgués bohemio) blancos y hippies de las creencias y espiritualidades no-occidentales, y que las fuentes de los hippies y sus citas de Paulo Coelho y del Dalai Lama sobre « la mujer » estén eclipsando las fuentes de nuestras compañeras.

Perpetua y Felicitas es una de tantas parejas lésbicas que aparecen en la Biblia.  Pintura de la Iglesia de Nôtre-Dame de Vierzon en Bourges (Francia)

El lesbianismo existe y siempre ha existido en el arte, en la mitología, en la espiritualidad, en las poesías. En diversos libros sagrados, en diversos ritos. Pero eso no se cuenta.

Al burgués le conviene que el proletariado piense que las lesbianas (y los maricas, y lxs trans, y las bis, y lxs inter, y lxs queer, etc) sólo existen en núcleos de chicas burguesas, blancas, católicas hasta los 9 años y ateas después, de familia en posición privilegiada en la historia post-colonial. Al burgués le conviene, que la proletaria y la colonizada piense, que la liberación feminista y anti-heterosexual sólo se dará en la clase dominante. Al burgués le conviene, en resumen, que las lesbianas jamás seamos unas hijas del proletariado, sino hijas del burgués colonialista.

Por eso éste tiene tan buenos panfletistas:

  • Como las actuales autoridades religiosas y espirituales, todas homófobas, antifeministas, clasistas, y reaccionarias a más no poder.
  • Como aquellos marxistas y anarquistas enquistados que dicen que sólo si abandonas tus creencias puedes apuntarte a un sindicato o partido, etc. obviando que la gran mayoría de la clase trabajadora mundial es creyente y que no es algo que se pueda obviar si quieres mover a las masas, y que además la excusa del antiteísmo la utiliza en no pocas ocasiones el Estado burgués europeo para reprimir a las comunidades que no son católicas, como la musulmana, la judía, u otras.
  • Como aquellxs militantes LGTB francesxs amantes de la República Francesa una grande y libre (bueno, también me chirrían lxs LGTB españolxs que son fans de la República Española y especialmente de la bandera que tiene el escudito con ese castillito tan horroroso) que dicen en sus discursos totalmente idealistas y escasos de dialéctica que la culpa de la ‘homofobia’ son ‘las religiones’.
  • Como aquellxs casposísimxs proletarixs machoantifas cisgénero y heterosexuales que dicen que la lucha transfeminista ya se abordará más tarde y que no es prioridad.
  • Y como ese discurso del feminismo (y, en ocasiones tristemente, también del trans/lesbo feminismo) blanco que dice que hay que elegir entre ser lesbiana y ser creyente, porque inconscientemente la gente del mundo militante vende el ateísmo como la titulitis universitaria, como el carnet de conducir, o como el dejar el gluten: Algo que te legitima más para hablar.

Matrimonio de dos chicas musulmanas que bendijo el imán Ludovic Mohamed Zahed.

Yo quiero demostrar, que las lesbianas « con alma » (que creamos en la existencia del alma) existimos. Mi objetivo como lesbiana es que esté donde esté yo, existo, porque todas las lesbianas tenemos que demostrar que estamos en todos los lados habidos y por haber para que así el sistema de clases, heteropatriarcal e imperialista se tambalee. Para sorprender el GPS del enemigo. Para que la liberación sexual transfeminista no sea un privilegio. Para que los hombres cis-heterosexuales, burgueses, y blancos que constituyen las élites, se emparanoyen con nuestra presencia hasta el punto de que se terminen ellos mismos pegando el tiro en la sien.

Yo no voy a elegir. Yo soy bollera, lesbiana. Y tengo mis creencias. Diversas. No las sé ni yo. Pero yo sé que creo en Dios, lo tengo claro desde pequeña. Y fue una elección personal, nadie me forzó a ello porque ni siquiera estoy bautizada (mi familia es la única atea consecuente que conozco). Corroboré que era creyente el mismo día que me di cuenta de que era bollera porque el amor que sentí hace unos años por una mujer me acercaba a Dios. Ambas salidas del armario vinieron de la mano. No puedo separarlas.

Yo no me considero una lesbiana que « ha nacido así » porque eso sería meterle un palazo a la construcción social del individuo y además me suena asistencialista. Tampoco me puedo considerar una « lesbiana política » o « conversa » a día de hoy. Yo no llegué al feminismo primero y al lesbianismo después (de hecho lo de que yo era feminista me di cuenta hace apenas cuatro telediarios). No decidí mi deseo lesbiano con la razón, ni en frío. Ni siquiera decidí en frío mis mudanzas porque siempre las decidía en torno a chicas que hacían sentir que mi corazón flotaba. Además hay quien confunde la (evidente) construcción social con el superficial postureo en las redes sociales y círculos de afinidad,  hay quien confunde la deconstrucción del deseo heterosexual con mentir diciendo que sufren opresiones de género u orientación que es evidente que no sufren, y hay quien incluso piensa que (dentro del ghetto feminista) ser bollera es un privilegio frente a ser hetero (y por eso deciden aparentar ser bolleras)… Nada más lejos de la realidad, y no hay patada mayor a los derechos de las y les pan-bi-bollo que ese pensamiento.

Si no me conviene abordarme por la genética ni me conviene abordarme por las teorías hiper racionales, voy a argumentar mi lesbianismo con lo intuitivo, lo espontáneo, lo espiritual, lo intangible. Soy lesbiana porque Dios así lo ha querido, y punto. Quiso esto para mí. Mi camino personal para llegar a la paz eterna, es ése, sin duda alguna. Tengo todas las cartas para ello. Por eso para mí el lesbianismo no se limita a política terrenal, va más allá.

Por eso he decidido que voy a cambiar mi trayectoria. Y que voy a centrar mis esfuerzos en demostrar que las bi-bolleras y demás personas cisheterodivergentes formamos parte activa de la historia de las religiones y todo tipo de creencias ancestrales, que en esos libros molamos mucho más de lo que nos/os han contado.

Sé que es más sencillo abrazar el apateísmo y tirar la toalla en vez de tirar de archivo en bibliotecas buscando documentación acerca de mitología y espiritualidad transmaricabibollo, yendo aquí, allá, entrevistándote con unes y con otres, sin parar ni para comer. Me costará encontrar fuentes, sabré lo que sufre mi gran amigo marica e historiador (ambas cosas las hace con una vocación esquisita), sabré lo que sufre el imán Ludovic Mohamed Zahed (que se ha currado tesis sobre la homosexualidad en el Islam), me conocerán en todas las biblios, pero bueno, asumo el riesgo.

 

Hay quien me dirá, que cómo puedo centrar mi lesbofeminismo en la antropología de las religiones si jamás vi a Dios. Yo las diré que hay quien centra su feminismo en hacer pedagogía con los hombres cuando jamás se ha sabido de la existencia de un sólo hombre cishetero que sea feminista.

Hay quien tiene su ilusión, yo tengo la mía.

C:

Dios me hizo queer. Pegatina vista en la Manifestación del 8 de Marzo en París del 2014 en el bloque "8 Mars pour touTES"

Dios me hizo queer. Pegatina vista en la Manifestación del 8 de Marzo en París del 2014 en el bloque « 8 Mars pour touTES »

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Publié le 8 février 2015, dans Non classé, et tagué , , , , , , . Bookmarquez ce permalien. 2 Commentaires.

  1. El lesbianismo y el sensualismo no son cosas de Dios Dios creo hombres y mujeres para que c unieran en pareja desigual hombre y mujer ni hombre con hombre ni mujer con mujer

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