El ‘punto intermedio’ del deseo que impone el amor

En los movimientos transfeministas se habla mucho de la diversidad sexual en materia de orientación, pero no en materia de deseo. Partimos de la base de que todo el mundo se siente atraídx sexualmente por otres en las mismas circunstancias, que todo el mundo tiene los mismos ritmos, o que « todo el mundo va buscando ». Nada mas lejos de la realidad. El deseo en sí, está condicionado por muchísimos factores, pues se cruza con la mal llamada « atracción romántica ». Para empezar, estamos condicionadxs (en especial las personas de identidades no hegemónicas) por la imposición del amor; y no hablo del amor romántico, hablo de la idea del amor ‘sexoafectivo’ en sí: De esa necesidad de estar otra(s) persona(s) para « ser alguien ». El sistema patriarcal te insta, además, a que sólo puedes tener relaciones sexuales con gente con la que tengas un vínculo sexoafectivo: No puedes follar con alguien con quien no tengas un vínculo afectivo: Si una chica « engaña » a su novix con su mejor amigx de toda la vida está mal, pero si esa chica « engaña » a su novix con un chicx al cual conoció en una discoteca en una noche y ya a partir de ahí follaron unas cuantas veces más… ¿adivináis lo que la van a llamar? También tenemos el caso contrario, ¡no puedes abstenerte de no follar con tu pareja pues entonces vas a ser el hazmerreir, o ‘una mala persona’! Sin ir más lejos, en el contrato matrimonial es obligatorio tener relaciones sexuales con tu cónyuge. Obligatorio. Este trozo de papel, aunque no exista en parejas no-legales(abiertas, cerradas), su ideología se traslada también a éstas, y el sexo se convierte en un deber. Así pues, en este « contrato » que busca un ‘punto intermedio socialmente aceptable’ entre gente allosexual y asexual… ¡No respeta ni a lxs unxs, ni a lxs otrxs! Y, por supuesto, tampoco respetan a la grissexualidad, ni a las diversísimas fluctuaciones del deseo sexual que están excelentemente recogidas en este glosario. La persona que se encuentre en una fase muy allosexual se tendrá que ver forzada al « pudor » y la « prudencia », mientras que la persona que se encuentre en una fase muy asexual se tendrá que ver forzada a tener relaciones sexuales para ser aceptada socialmente (¿cupiosexualidad?). Evidentemente, este sistema de coacción de nuestros (no)deseos, es impuesto más a las mujeres y demás identidades no hegemónicas, que a los hombres cis. De ahí cabe ver el abanico de deseo sexual que puede presentar un hombre cis en nuestro día a día, donde nos encontramos desde hombres cis que no experimentan ningún deseo sexual, a hombres claramente allosexuales (mejor aceptados socialmente). No obstante, cabe mencionar que los hombres cis sí que reciben críticas sobre su deseo sexual cuando se salen de la heteronorma, por eso es frecuente ver a gente cis-hetero quejándose tanto de su allosexualidad (de las zonas cruising, por ejemplo) como de por ejemplo su demisexualidad (quejarse de las parejas gays que son demasiado ñoñas porque « repiten roles », etc) En lo que a mí me atañe, el mundo lésbico y transfeminista, este ‘punto intermedio’ lo veo inconscientemente muy presente. Imposición que, no olvidemos, viene a raíz del amor. Porque además este romanticismo puede ser monógamo, no-monógamo, o incluso poliamoroso. Puede estar en el mundo hetero, pero también en el lésbico/bi/pan/poli. Hablaba precisamente la compañera D. que percibe un « hiperromanticismo » dentro del mundo lésbico, cosa con la que concuerdo, porque en el sistema patriarcal a las mujeres y otras identidades se nos impone ESTAR con alguien o con álguienes.  Por narices. Por obligación. A ese alguien encima no lo puedes buscar tú, sino venir a ti (« quiere a quien te quiera y no a quien tú quieras »). Tu deseo sexual no puede ir ni venir al antojo de las fluctuaciones químicas de su cerebro. La que no quiere follar nunca, es monja y se la evita. La que quiere follar mucho es una zorra (en ambientes menos slut shaming, se la llamará hipersexual… o tía babas) y se la evita también. Y la que tenga a su deseo sexual apareciendo y desapareciendo aleatoriamente cual delfines en el mar (burstsexual), pues « está loca » y como « no sabes por dónde pillarla » se la evita también. Monjas, zorras, locas ¡tenemos más en común de lo que pensamos!

Las tartas, los cupcakes… son símbolos de la comunidad asexual: El negro, el morado y el blanco los colores de su bandera.

¿Sería correcto pues, hablar de esta imposición como de una « demisexualidad » impuesta? Desde luego que NO. Por eso hablo de ‘punto intermedio’. Es cierto que la utilización de la ‘demisexualidad’ (la única definición sexual de la escala gris conocida por el gran público) tiende en ocasiones a ser bastante polémica. La gran mayoría de las definiciones y vivencias sobre la demisexualidad que leo en canales mainstream , son de demisexuales consideradxs románticxs (porque lo mainstream es romántico por lo general, jé), que aprovechan su manifiesto para enarbolar el romanticismo, la monogamia…y en ocasiones, el slut shaming. Hay que entender el condicionamiento social de estas definiciones usuales y definir (como bien viene aquí) la demisexualidad como una atracción sexual que surge sólo tras la atracción secundaria (cuando se conoce mejor al otre) y no tras la atracción primaria (primera impresión), y comprender que pese a la imposición de la cultura del amor, la demisexualidad se podría dar independientemente del ‘romanticismo’, ‘arromanticismo’, o grisrromanticismo que haya de por medio. Hay muchísimas personas demisexuales en las redes que se consideran arrománticas, pero sus discursos son menos conocidos porque los discursos arrománticos (comúnmente llamados ‘aro’) no convienen, así en general, sea cual sea su ‘nivel’ de deseo e incluso su orientación. No obstante, es necesario también el discurso demisexual (y el asexual, y el allosexual) romántico, para así ponerle un nombre a tus sensaciones, aunque este deseo esté condicionado por esta cultura de la media naranja, y de paso reconocer el que yo llamaría « privilegio romántico ». En todo caso, pienso que deberíamos de hablar más cancha al autoconocimiento de nuestro deseo. Analizarlo, expresarlo, ponerle todas las etiquetas necesarias para precisamente destruir ese ‘punto medio’ impuesto. Visibilizar los discursos « extremos ».Todo esto sin pisar las etiquetas de deseo sexual que puedan tener el resto, esto es, por ejemplo: Que ni el discurso sex-positive pise a lxs asexuales con frases pedantes como « el sexo es una necesidad básica », ni que el discurso asexual caiga en un discurso moralizante de « es que la sociedad está hipersexualizada ». También, no todo es blanco o negro, y convendría analizar las fluctuaciones de nuestra líbido, darle nombre aunque sea un nombre poco conocido: Burstsexual, ceasesexual, dreadsexual, la ya citada demisexualidad… Y sobre todo, tendríamos que entender el condicionamiento de la cultura del amor. Por eso pienso que sería buena idea potenciar del discurso de la anarquía relacional, que intenta no sólo romper con la monogamia, sino con la jerarquización de las relaciones del tipo « primero la(s) relacion(es) sexoafectiva(s), y en segundo o tercer lugar las amistades ». Y, por otro lado, visibilizar a las personas arrománticas o no-románticas, pues pienso que tienen/tenemos una capacidad subversiva de la que poca gente ha hablado hasta ahora. Esta información podemos afrontarla ¡O no! tampoco niego, como menciono más arriba, la subversividad de las personas románticas si éstas tienen una orientación subversiva pues, de alguna forma, reconocerían este « privilegio » dentro del marco de nuestros colectivos transfeministas. Posiblemente, cuanto más critiquemos a la monogamia, al amor romántico e incluso al concepto de amor mismo (sexoafectivamente hablando), tal y como (se supone que) hacemos con la heteronorma, más fácil se nos hará librarnos (o no si no nos da la gana) de la imposición de este ‘punto medio’ en la líbido y, por tanto, descubrir cómo fluye nuestro deseo sexual, sin imponernos protocolos preestablecidos vistos ‘bien’ socialmente. Aunque también hay que respetar los tiempos de cada unx, y no convertir procesos sociales en competis. En resumen: Todas las personas de identidades no hegemónicas y/o orientaciones no hegemónicas podríamos aportar algo en este tema. Cuanto más rico en etiquetas sea el abanico en los movimientos transfeministas, más posibilidades tendremos de respetar a todxs nuestrxs componentes, a lxs cuales también hay que respetar en materia de ‘nivel’ de deseo sexual.

Pequeña muestra de más de una veintena de etiquetas posibles respecto a la orientación, el deseo, la atracción romántica…   A. Aromantic 2 B. Aromantic 3 C. Aromantic Aardvark D. Proquasexual E. Proquusexual F. Quoiromantic G. Cupiosexual 1 H. Cupiosexual 2 I. Lithromantic J. Skoliosexual K. Idemromantic L. Gray Aromantic M. Requissexual N. Akoisexual O. Platoniromantic P. Gray Asexual Q. Recipsexual R. Polyplatonic S. Novosexual T. Polyamory Symbol

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Publié le 3 avril 2015, dans Non classé, et tagué , , , , , , , . Bookmarquez ce permalien. 1 Commentaire.

  1. No se si lo de las etiquetas, pero lo de hablar mas y abrirle cancha al autoconocimiento de nuestro deseo me parece copado. También es esclarecedor el tema de la vision romantica de las relaciones que nos impone la sociedad sin que nos demos cuenta.

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