Que sea mi felicidad lo más antisistema que exista

Son muchas cosas las que inspiran este artículo, principalmente el texto de « Yo con las feministas de mierda siempre » de mi amiga y camarada I., el cual suscribo y añado mi queja personal, esa peineta, esa peineta made in Griotte, esa bollopeineta choni con flores moradas con la que me sujeto la pelambrera mientras bailo reggaeton en bragas. Anoto que GSD significa de género o sexualidad divergente, así no me lío con acrónimos interminables.

Yo desde que tengo uso de razón he estado en contacto, en mayor o menor medida, con los movimientos sociales, que no en vano fui engendradx en una caseta de las fiestas del PCE. Desde bien pequeñx, mis aitas me transmitieron unos valores próximos a los que yo tengo actualmente (tan sólo próximos, soy un poco acratilla, y sólo soy de leer a Carrillo cuando tengo dudas acerca de cómo se fuma… todavía no he aprendido). A los 14-15 ya portaba mis chapitas con la A de anarquía y esas cosas que me buscaban todavía más problemas con les infames del instituto donde hice la ESO.

A los 18 salí del armario como GSD, e ipsofacto me incorporé a los movimientos sociales. Empecé como conspi, después como stalinista (bueno que pal caso…). En mi llegada a Marsella retomé mi contacto con las teorías marxistas libertarias, y cuando volví al estado español afiancé mi contacto con el feminismo.

En estos 3-4 años no he parado. He dado más de lo que he podido. Viajo mínimo una vez al mes a una ciudad diferente por motivos únicamente de activismo. A veces incluso viajo fuera de mi ciudad todos los fines de semana. Hago desplazamientos desde mi periferia al centro de la ciudad 4 veces a la semana de media, también por motivos de activismo. Y sé perfectamente que mi caso no llega ni a la suela de los zapatos de mucha gente, GSD como yo, que destinan todas sus energías a la ‘lucha’.

Y todos estos esfuerzos, estos sudores, este estrés, estas faltas de sueño, este subir y bajar constante de la cremallera de mis maletas pequeñas… ¿Para qué? Pregunto.

Porque para mí, en muchas ocasiones han sido para demostrar mi pureza como activista para que algunxs no me vean como una vampira que hincando sus colmillos inyectará un veneno bollizante en los cuellos de cis-heter@s.

Ya per sé, vivimos en un mundo donde, al estar todo informatizado y al recibir decenas de informaciones al segundo que nos colapsan, estamos en constante actividad cerebral. Y cuando somos activistas, vemos eventos constantemente, y queremos ir a todos, provocándonos pues ansiedad constante. Como bien cita este artículo, vivimos mentalmente totalmente ocupadxs, y ya no hay espacio para preguntar cómo está tu haal, tu corazón. Proyectamos constantemente hacia afuera. También nos revisamos por dentro, o eso creemos; quizás lo único que hacemos es imitar el modelo de vida de otrxs activistas para no sentirnos aisladxs. Por eso algunxs toman speed, otrxs sirope de ágave, y otrxs simplemente se quedan hasta las 3 de la mañana en un bar hablando sobre Ada Colau cuando a lo mejor no le apetece, pero aguanta para no quedar mal.

Este estrés, esta ansiedad de estar siempre ocupadx, sólo lo veo capaz de que lo asimilen o bien las personas neurotípicas, o bien las personas neuroatípicas que centrándose en ir « hacia afuera » que quieren pensar lo menos posible en su malestar interno: Yo soy un buen ejemplo, que a los 18 años, aspi perdidx y en plena fase TEPT, fue así como me metí en el activismo. Ni más, ni menos. Y bueno y así estoy ahora, quemadx.

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¿Por qué llevamos el arcoiris en la capucha y no en nuestro tanga de hilo?

En cambio, veo que dentro del mundo militante o activista, este estrés es doble o triple para las personas que divergemos con el género o la orientación sexual impuesta (GSD). Porque claro, tenemos que demostrar…

Que no somos LGTBI’s chapadxs a la antigua.

Que no nos comportamos como pequeño-burguesxs porque joder no iremos a darle la razón a Lenin.

Que usamos siempre la palabra queer aunque algunxs ni sepan lo que significa realmente.

Que joder, no nos financia Israel, ni Estados Unidos, ni los Rockefeller, ni Chueca.

Que no somos homonacionalistas de esxs.

Que no somos egoístas y que además de en la lucha GSD estamos en la lucha antifascista, en la de los derechos de Palestina, en la de Ucrania (aunque no sepamos de qué va la movida y en el bando ‘antifascista’ sólo haya tipos que nos querrían ver muertxs), en la de Kurdistán, en la de las naxalitas, en la de Exharhiea, en las del TAV, en las de la ZAD, en los desahucios, en la antiespecista, en la de Baltimore, en la de Gamonal, en la del no al TTIP, en la anticolonialista y antirracista y a todo lo que se nos ocurra venga.

Ah, y los comunicados de organizaciones políticas a otras y de individuxs a otrxs. Eso que no falte. Nosotrxs en tanto que GSD vamos a ser ‘la cuota’ que legitime unos comunicados u otros, bien de organizaciones como tal, bien de grupos de afinidad dados a los cheftoto o jefxs informales. Vamos a ser lo que exhima a lxs militantes cis y/o hetero de actitudes privilegiadas porque claro yo no soy marico/bollo/trans/queer/fóbicx porque tengo unx amigx que.

Y es que no conformes con la pesadumbre de que además de que nos fichen la cara por ‘depravadxs’ nos la fichen por perroflautas… ¡Tenemos que rediseñar nuestro estilo de vida, como antes comentaba! Porque claro, une cis-hetero poco se plantea (si lo hiciera, a saber si seguiría siendo cis-hetero, ejem). Nosotres, les GSD, tenemos que plantearnos, sumado a todo lo anterior, deconstruírnos. Y dime cómo se deconstruye alguien que tiene 4 asambleas al día y que vive okupando… A no ser que se mueva constantemente en el mismo círculo de personas, cosa que termina pasando casi siempre y que me da un pánico terrible.

Así pues esa deconstrucción, como bien comentaba antes, es en realidad una readaptación de nuestras costumbres a una ‘tribu urbana’ específica. Sería construcción si fuera algo premeditado, pero todas las personas que conozco se han lanzado a ‘todo a la vez’ (que si el poliamor, que si el tofu, que si el huerto, que si el punk, que si los dildos dobles, que si las noches hasta las tantas cuando no te apetece) y de un día para otro, las cuales tienen que cambiar nuestra forma de comer, de follar, horarios nocturnos, y ya para colmo racionalizar sentimientos para hacer uso de una buena ética amorosa. Y, de paso no expresar mal humor, sobre todo si no eres un hombre cis (ya sabéis, al resto de identidades se nos pide una sonrisa constante). Y, de paso, expresarse tanto en internet (pero sin pasarse, que luego eres unx cibermilitante) como en la calle (pero ojo que si abandonas internet te verás marginadx así que tampoco abusar de la calle).

Además, en no pocas veces, toda esa deconstrucción ‘desaparece’ en un flus, por ejemplo, cuando unas luchas GSD pisan a otras luchas GSD (cosa muy triste) o cuando algo se convierte en pura guerra de bandas cuando tenemos un malentendido con alguien del rollo. Entonces ahí el asunto es guerra de egos, de egos colectivos. Tienes que estar en noches para « hacer presencia » porque tienes miedo de que Pepi te ‘quite’ a tus amigas transfeministas. Y aunque quieras estar en zapatillas en tu casa escuchando a Luis Fonsi, tienes que estar en la barra escuchando un concierto de punk cuando ni sabes lo que es el punk . No peña, esto no tiene una mierda de deconstructivo, esto es lo que en sociología de toda la vida ha sido la « integración en un grupo social ». Y en vez de que lxs cis-hetero se hayan adaptado a nosotrxs, somos nosotrxs lxs que nos hemos adaptado a ellxs utilizando sus mismas dinámicas de mierda.

Así pues, este feedback de les cis-het a las personas GSD, no es recíproco, como bien expresaba mi buen amigo, hermano y camarada Zak Ostmane en su manifiesto (por el cual fue condenado a 14 años de prisión), que, si bien contextualizado en su país (Argelia), también es aplicable aquí, y expresa muy bien la quemazón que sufrimos lxs activistas GSD:

En Argelia, cada cual tiene su lucha. Yo soy solidario con todo el mundo. Con la lucha por los derechos humanos, con la lucha de las mujeres, con la lucha por las libertades democráticas… En cambio, nadie jamás ha expresado solidaridad conmigo, por mis derechos y la despenalización de la homosexualidad en el Código penal argelino […] Mis amigxs militantes de las libertades democráticas, sólo la historia será testigo de esta situación vergonzosa y escandalosa… que vosotrxs aprobáis con vuestro silencio cómplice y asesino.

En resumen, les GSD tenemos que ser perfectxs en todo. Y nos saturamos…

Mi pregunta, tras todo lo que escrito y tras traducir las palabras de mi hermano, es ¿las personas GSD damos a basto con tantas exigencias? ¿por qué a las personas cis-hetero no se les exige tanto? ¿por qué todo el mundo conoce Queers Against The Wall pero casi nadie conoce a Aswat? ¿por qué lxs GSD tenemos que demostrar constantemente que hemos leído a Marx, a Chomsky y a su primo, pero en cambio nadie dice un dato primordial como que en EEUU el 30% de las personas sintecho SON de género o sexualidad divergente? ¿Por qué sí hay queers veganxs pero no hay veganxs por el reconocimiento de la comunidad GSD en su seno? No sé si me explico o si se nota por dónde van mis tiros pero ¿Por qué las únicas veces que hay organizaciones -generalistas- en las manis queer o GSD, éstas organizaciones son electoralistas y están ahí para conseguir votos?

En resumen. Nos quejamos del conformismo de la antigua ola de genéricosexodivergentes (la LGTB, más G que el resto de siglas), del precio de los mojitos de Chueca, de cómo se integran lxs « LGTB » en esta asquerosa sociedad. Pero… ¿en nuestros anarcoghettos, no hacemos lxs GSD lo mismo? ¿No reproducimos dinámicas de exigencia a nuestro colectivo e incluso de autoexigencia desmesurada? En resumen ¿no orientamos gran parte de nuestras acciones y pensamientos para que las personas (y sobre todo los hombres) cis hetero nos las validen y nos den su aprobación sin darnos ellos algo tan elemental como garantizarnos espacios sin discriminaciones?

Personalmente, a mí todo eso me harta. Yo estoy muy orgullosx de deber nosecuantas traducciones de textos marxistas, de escuchar reggaeton mientras escribo esto, de disfrutar de los partidos del Olimpique de Marseille, de no haber escuchado punk en mi vida salvo de rebote en los squats donde he estado, de haber faltado a numerosas manis, de haber ido sin bloque a esas manis, de faltar a asambleas, de beber mi Coca-Cola, de shipear y vomitar arcoiris con las parejas GSD monógamas que conozco, de montarme en limusina con mi mejor amigo con música de Britney Spears a todo volumen, de comerle la boca en un hotel de cinco estrellas a lx chicx que hace que mi corazón tenga esos deliciosos latidos que no quiero deconstruir, de a veces por las noches atracar a la trucha ahumada mientras veo yuri, de tener sexo vainilla de vez en cuando, de  no hacer yoga ni ninguna de esas mierdas, de reconocer mis altibajos emocionales y que sean mi realidad quien se adapte a ellos (y no al revés)… E incluso de tomar unas cañitas en Chueca. Y que se queden con el cambio… Invita Rockefeller.

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Publié le 12 mai 2015, dans Non classé. Bookmarquez ce permalien. Poster un commentaire.

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