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El Feminismo Bonito frente a la Discordia

Los ideales feministas cada vez llegan a más gente porque todas y todes luchamos duro para que así sea. El feminismo sale en portada de revistas, a la Superbowl, a la ONU,  e incluso hay periódicos que tienen columnas semanales dedicadas a ello. Hasta en Salvados se habla de patriarcado, y las XL salen en la tele. Todos esos avances jamás se hubieran imaginado hace unos años y son fruto de mucho esfuerzo, es muy bueno. Nuestras redes cada vez son más numerosas, donde hay personas muy diversas y eso gusta. Pero es cuando se proponen debates sobre otras opresiones en el seno feminista que la diversidad parece no gustar tanto.

Siempre es muy espinoso hablar de opresiones y de cómo encajarlas con el feminismo o la lucha donde más suelas participar. Nadie quiere reconocerse como opresore. Siempre es mejor usar el esforcímetro. Decir « yo organicé unas jornadas sobre esto » cuando alguien te pide que rectifiques un comentario discriminatorio. Todo el mundo habla del perdón, ese concepto tan católico, pero en cambio poques piden perdón y poques perdonan. Lo que, sin duda, poques rectifican. Poques llevan a la praxis, a la realidad. Nadie quiere exponerse individualmente, y menos colectivamente. Nadie está dispueste de depurar ciertas actitudes en un colectivo: En unos ambientes feministas donde (por el planeta en el que hemos crecido) se sigue respirando el neoliberalismo en nuestras estructuras activistas, donde las afinidades (aka amiguismos) priman por encima de la solidaridad y el apoyo mutuo, la gente prefiere tomar la lucha feminista y la « deconstrucción » de privilegios como un método de ‘autoayuda’ en vez de como una lucha conjunta contra determinadas estructuras que oprimen a un cuantioso número de seres humanos. No en vano en muchos textos veo frases que hablan de « liberarse del patriarcado » o de la heterosexualidad como quien habla de deshacerse de un jarrón.

En un contexto semejante, donde se plantean opresiones desde una óptica no revolucionaria, surge una reacción todavía peor: La del Feminismo Bonito.

El Feminismo Bonito tiene artículos sueltos con muchísimas visitas. Quienes lo escriben no suelen tener malas intenciones y pueden ser gente maja.  Y, sobre todo, es un discurso que a todo el mundo gusta. Se resume en la persuasión a que no haya conflictos entre corrientes (cuando, por número, es inevitable que las haya!). Claro, eso gusta tanto a ti, como a una del PSOE, como a la TERF que te llamó heterófoba, como al chico feminista que se cree el fockin amo, como a una persona discriminada que tiene un burning increíble y prefiere tirar tierra de por medio, y como a una persona discriminada que no le gusta que se hable de su discriminación porque ha encontrado su espacio de seguridad y se ha olvidado del resto. Es más, a lo mejor quien escribió algo una vez de feminismo bonito fue por una ruptura política feminista, pero gusta tanto que le puede gustar hasta a la chica en cuyas muelas se caga. Un mismo discurso no puede gustar a gente tan diversa, porque sus intereses pueden ser múltiples y opuestos entre sí. Si gusta, es porque el lenguaje es borroso…

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Imagen sacada de la página: En Somosaguas andan diciendo

El feminismo bonito lo suele hacer gente bonita. Gente guapa, hablando en plata de belleza normativa. Gente popular en el activismo. Gente bonita con sentimientos bonitos. Podría citar, como ejemplo ilustrativo, el artículo Tan Feminista Que Eres de Barbijaputa para Píkara Magazine. Pero podría poner muchos más ejemplos, incluso de artículos de gente a la que quiero y admiro, pues es un discurso muy en boga.

El feminismo bonito no da datos, no ejemplifica, no da consejos concretos. Habla de que frente al debate tiene que primar el amor, la empatía, los cuidados, la cercanía, el diálogo, el saber escuchar. De conceptos que a saber si tienen un significado palpable, y si lo tienen para cada persona son de una forma (no como si hablo de privilegios que es algo materialmente demostrable). Como no son conceptos que se puedan materializar, su utilización puede ser incluso psicofóbica: Si yo leo « empatía », no lo interpretaré como yo interpreto la empatía, sino como lo interpreta el modelo social vigente, el neurotípico. Pero en cambio, si leo « empatía » me apaciguo, porque son conceptos que sosiegan nuestras mentes, las desconectan de un análisis racional y espontáneo. Tal y como hace la Iglesia y organizaciones similares.

 

Hay dos argumentos que, cierto es que son muy gancho en el feminismo bonito. El primero es la presunta inaccesibilidad del lenguaje de la convergencia de luchas y que sería mejor ofrecer un mensaje que « llegara a más gente », cuando esa descafeinización demuestra su fracaso absoluto (y merecido) frente a, por ejemplo, poblaciones racializadas, pobres y/o trans. Tratar múltiples opresiones sirve precisamente para llegar a más gente, no para llegar a cuatro elegides como se pretende creer desde este discurso.  Se habla de un supuesto academicismo del feminismo transversal, pero eso sí, desde posiciones que también son académicas. Y no en pocas ocasiones desde posiciones de clase acomodada, blanca, estable, populares, sociables, en un colectivo importante etc.

El segundo argumento es el de que desde la transversalidad se hacen carreras a ver quién está más oprimide y que se dan linchamientos populares. Insisto en que no voy a negar este hecho. Como tampoco voy a negar que existen chantajes emocionales del tipo « si no me haces casito diré que eres discriminatorio en X ». Pero, volvemos a lo mencionado arriba. Esto no es, ni más ni menos, que una inercia neoliberal de los transfeminismos, y las convergencias de luchas, que es normal que se dé porque ni hemos crecido ni creceremos (lxs vivxs) en otro sistema económico diferente al capitalista. Inercia la cual, por supuesto, quienes portan el feminismo bonito utilizarán conscientemente cuando les convenga y de hecho la utilizarán mucho, bien en su praxis bien en sus cuentas bancarias.

Tal y como el discurso tercerposicionista denuncia la globalización nutriéndose del dinero de los banqueros, el feminismo bonito denuncia la elitización del transfeminismo desde posiciones de poder en el mundo intelectual. Pero, aunque lo utilicen para estas dinámicas autoritarias, el discurso del feminismo bonito no pretende « re-comunizar » la convergencia de luchas. Su enemigo no es el liberalismo, es la propia convergencia de luchas. Quiere acabar con los necesarios debates.

El Feminismo Bonito es como el brocialist (machista-leninista) sólo que superponiendo la opresión de « la mujer » (un sólo tipo de mujer, con un sólo tipo de fenotipo y de genitales) en vez de la de clase como hace el brocialist. Es el burócrata diciéndote que en tanto que proletario no puedes proponer otras cosas porque así terminarías con la revolución proletaria. El feminismo bonito es esa compañera blanca callando a una compa racializada con una sonrisa caritativa. Esa chica llorando que exclama en una asamblea de gestión de conflictos « ¿por qué no nos volvemos hacer amigxs y que todo vuelva a ser como antes? ». Es el discurso que no dudará en perseguir cual caza de brujas a cierto tipo de chicas (poco populares, « chicas de internet », etc) mientras que, frente a una acusación a alguien con prestigio, la gente se acordará de este discurso, del amor que tenemos en nuestra kundalini, y de lo importante que es la sororidad.

El Feminismo Bonito es, sencillamente, reaccionario. Bonito, precioso, como todo lo reaccionario. Las personas que lo promulgan no son necesariamente malas, ni « menos feministas », cualquiera hemos caído en él, como se pueden caer en tantas cosas. Saliendo del maniqueísmo, no voy a decir que ese discurso sea el mal porque no creo en ese concepto (el mal, otro concepto borroso, sí), pero sí que opino que es un discurso demasiado patalético, y en este mundo quien puede permitirse una pataleta es porque puede, porque tiene poder, porque sabe que será escuchada, quien sabe que no va a ser escuchade jamás se atreverá a exteriorizarlo. Por eso, son pataletas que retrasan nuestros procesos colectivos cuando, visto que a día de hoy hasta hay feministas en Ciudadanos, el tiempo en los transfeminismos juega en nuestra contra.

Por eso hay que saber identificarlas y combatirlas, tal y como debemos hacer con cualquier proceso que niegue la transversalidad, el feminismo, y/o la revolución social. En resumen, es indispensable combatir cualquier premisa que se meta en bucles metafísicos y donde los conceptos que se manejen sean los que inventaron aquellos señores que asesinaron y torturaron a muchos de nuestros antepasados… De los míos, al menos.

 

Por mis antepasades. Si no hay discordia, no es mi revolución transfeminista. Porque sin discordia, no hay colectividad. Sólo dogmatismo.

 

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(Le blog du Koala) El cissexismo en el mundillo feminista radi-aveces-caca

Este texto es un escrito francófono redactado por Ultrapuke, y que actualmente podéis encontrar en el blog Le Blog Du Koala, el cual recomiendo sin lugar a dudas. Está dirigido al cissexismo de los ambientes trans, maricas, bolleros, feministas y queer.
Nota de traducción (Griott): A pesar de a mí personalmente no convencerme las siglas sobre asignación, este texto las utiliza para denunciar determinadas situaciones. « Asigné.e F à la naissance » está traducido como AMAN (asignade mujer al nacer) y « assigné.e M à la naissance » está traducido como AHAN (asignade hombre al nacer). Han salido últimamente nuevas siglas en castellano para poder explicar este concepto, si alguien me las puede refrescar por favor que me contacte en los comentarios del blog.

 


 

 

El cissexismo es un sistema de opresión que pone los cuerpos, experiencias e identidades cis como norma, es una transfobia insidiosa la mayoría de las veces perpetuada por gente cis, e incluso a veces por gente trans.

Cissexismo es cuando llamas a tu colectivo con nombres del tipo « Clitoris », « Ovarios contra todo », o cualquier otra referencia a la anatomía de las personas con vagina. No podemos relacionar el feminismo con las vaginas sin excluír a todas aquellas mujeres trans que no tienen.

Cissexismo es cuando piensas que dos personas que han concebido une hije juntes son, a la fuerza, un hombre y una mujer heteros.

Cissexismo es cuando piensas que sólo las mujeres pueden gestar une hije y que son las únicas que podrían llegar a necesitar procreación asistida.

Cissexismo es cuando una bollera que folla con hombres trans te dice que jamás ha follado con un tío.

Cissexismo es pensar que a TODOS los maricas les ponen únicamente las pollas y que a TODAS las bolleras les ponen solamente los coños.

Cissexismo es pensar que es super radical que una chica cis no se depile y que, cuando una mujer trans no se depila, pienses que « no es una verdadera chica trans ».

Cómic « Assignée Garçon », de Sophie Labelle.

Cissexismo es cuando utilizas una polla o unos huevos como símbolo de masculinidad.

Cissexismo es cuando esperas que un chico trans sea ‘butch’ y que una chica trans sea ‘fem’, mientras que te la suda que tus amigos cis sean ‘fem’ y que tus amigas cis sean ‘butch’.

Cissexismo es cuando hablas de « preservativo femenino », de « eyaculación femenina ».

Cissexismo es cuando hablas de « sociabilizades como hombre » para referirte a personas AHAN, y de « sociabilizades como mujer » para referirte a las personas AMAN.

Cissexismo es hablar de « cuerpo de mujer » y de « cuerpo de hombre ».

Cissexismo es hacer campañas de prevención entre lesbianas suponiendo que todas tienen vagina.

Cissexismo es quejarse de que no había cortos de temática lésbica en un festival queer cuando acaban de pasar un vídeo de dos tías trans follándose durante 10 minutos.

Cissexismo es que pienses que me puedes generizar en femenino los días que me pongo falda.

Cissexismo es pensar que si no te has cambiado el nombre ni hecho una transición (hormonal/médica) no eres verdaderamente trans.

Cissexismo es pensar que si no eres binario no eres verdaderamente trans.

Cissexismo es creer que sólo hay un recorrido y una sola vivencia trans.

Cissexismo es utilizar a Valérie Solanas como el gran símbolo del feminismo queer.

Cissexismo es que en grupos/colectivos/asociaciones/eventos no mixtos sólo haya personas AMAN.

Cissexismo es suponer la identidad de género y los pronombres de alguien sea cual sea su presentación física.

Cissexismo es pensar que alguien (cis o trans) « tiene pinta de ser trans ».

Cissexismo es contratar a alguien cis para que haga el papel de personajes trans en el cine.

Cissexismo es pensar que un tío trans no puede ser marica, o que una tía trans no puede ser bollera.

Cissexismo es cuando quieres que las personas trans te digan que lo son.

Cissexismo es « luchar por la igualdad entre el hombre y la mujer ».

Cissexismo es pensar que luchar por los derechos reproductivos de las mujeres está centrado en el derecho al aborto y que no incluye reivindicaciones contra la esterilización forzada de las mujeres trans.

 

 

El lesbianismo como opción mística

¿Las lesbianas, y más ampliamente las personas heterodivergentes…tenemos alma?

Es una pregunta retórica que planteo. Nunca se habla de los derechos espirituales a los que (deberíamos poder) acceder las bolleras, sea esta espiritualidad de origen abrahámico o no.

La censura de determinadas prácticas sexuales comenzó con el descubrimiento de las colonias y el imperialismo más hardcore: Por ejemplo, en el sur de Europa la iglesia católica se endureció más todavía con el nacimiento de la Inquisición tanto en la Corona de Castilla y Aragón (1478), como en Portugal (1536) y en Roma (1532). Los territorios de mayoría musulmana empezaron a prohibir los retoces entre personas del mismo género ya bien entrado el siglo XX, conforme el segundo imperialismo europeo comenzó a azotar el continente africano y Oriente Medio. Ídem aquellos territorios de mayoría hinduísta, que tampoco se habían posicionado contra prácticas sexoafectivas tales; fue el imperio Británico quien homofobizó las leyes en la India, por ejemplo. Es más, cada vez hay más artículos hablando sobre la relación entre países con altos índices de homofobia y su origen de ex-colonia británica.

Identificado pues, que ningún Libro Sagrado (o librito, o rito, o conjunto de creencias) es per se homofóbico o  estrictamente heteronormativo , y que son las ambiciones imperialistas y patriarcales por parte de los burgueses europeos quienes se encargaron de homofobizar las religiones en la Edad Moderna, podemos hacernos a la idea de que todas las religiones, espiritualidades, ritos, etc. han sido reescritas por el vencedor hombre cis heterosexual, blanco y burgués, escondiendo la espiritualidad que más podría hacerle competencia: La espiritualidad transmaricabollo, y más en concreto la espiritualidad lesbiana.

Actualmente, existen espiritualidades feministas o ‘femeninas’, ejemplo de ello son los feminismos islámicos y las diversas espiritualidades de América del Sur que rescatan creencias pre-coloniales basadas en el panteísmo y/o en el cuidado de la « Madre Tierra ». Pero, como todo en esta vida, nada se libra de la heteronorma que nos impusieron con tanto ahínco hace  siglos. Estas espiritualidades, aunque visibilicen más la autonomía de la mujer, en no pocas ocasiones dan por entendido que la (obligatoria) pareja de « la mujer » ha de ser (obligatoriamente) un hombre cisgénero, cayendo además en un binarismo atroz. En este bache posiblemente tengan mucho que ver los recicles que han intentado hacer los bobos (bourgeois-bohème: burgués bohemio) blancos y hippies de las creencias y espiritualidades no-occidentales, y que las fuentes de los hippies y sus citas de Paulo Coelho y del Dalai Lama sobre « la mujer » estén eclipsando las fuentes de nuestras compañeras.

Perpetua y Felicitas es una de tantas parejas lésbicas que aparecen en la Biblia.  Pintura de la Iglesia de Nôtre-Dame de Vierzon en Bourges (Francia)

El lesbianismo existe y siempre ha existido en el arte, en la mitología, en la espiritualidad, en las poesías. En diversos libros sagrados, en diversos ritos. Pero eso no se cuenta.

Al burgués le conviene que el proletariado piense que las lesbianas (y los maricas, y lxs trans, y las bis, y lxs inter, y lxs queer, etc) sólo existen en núcleos de chicas burguesas, blancas, católicas hasta los 9 años y ateas después, de familia en posición privilegiada en la historia post-colonial. Al burgués le conviene, que la proletaria y la colonizada piense, que la liberación feminista y anti-heterosexual sólo se dará en la clase dominante. Al burgués le conviene, en resumen, que las lesbianas jamás seamos unas hijas del proletariado, sino hijas del burgués colonialista.

Por eso éste tiene tan buenos panfletistas:

  • Como las actuales autoridades religiosas y espirituales, todas homófobas, antifeministas, clasistas, y reaccionarias a más no poder.
  • Como aquellos marxistas y anarquistas enquistados que dicen que sólo si abandonas tus creencias puedes apuntarte a un sindicato o partido, etc. obviando que la gran mayoría de la clase trabajadora mundial es creyente y que no es algo que se pueda obviar si quieres mover a las masas, y que además la excusa del antiteísmo la utiliza en no pocas ocasiones el Estado burgués europeo para reprimir a las comunidades que no son católicas, como la musulmana, la judía, u otras.
  • Como aquellxs militantes LGTB francesxs amantes de la República Francesa una grande y libre (bueno, también me chirrían lxs LGTB españolxs que son fans de la República Española y especialmente de la bandera que tiene el escudito con ese castillito tan horroroso) que dicen en sus discursos totalmente idealistas y escasos de dialéctica que la culpa de la ‘homofobia’ son ‘las religiones’.
  • Como aquellxs casposísimxs proletarixs machoantifas cisgénero y heterosexuales que dicen que la lucha transfeminista ya se abordará más tarde y que no es prioridad.
  • Y como ese discurso del feminismo (y, en ocasiones tristemente, también del trans/lesbo feminismo) blanco que dice que hay que elegir entre ser lesbiana y ser creyente, porque inconscientemente la gente del mundo militante vende el ateísmo como la titulitis universitaria, como el carnet de conducir, o como el dejar el gluten: Algo que te legitima más para hablar.

Matrimonio de dos chicas musulmanas que bendijo el imán Ludovic Mohamed Zahed.

Yo quiero demostrar, que las lesbianas « con alma » (que creamos en la existencia del alma) existimos. Mi objetivo como lesbiana es que esté donde esté yo, existo, porque todas las lesbianas tenemos que demostrar que estamos en todos los lados habidos y por haber para que así el sistema de clases, heteropatriarcal e imperialista se tambalee. Para sorprender el GPS del enemigo. Para que la liberación sexual transfeminista no sea un privilegio. Para que los hombres cis-heterosexuales, burgueses, y blancos que constituyen las élites, se emparanoyen con nuestra presencia hasta el punto de que se terminen ellos mismos pegando el tiro en la sien.

Yo no voy a elegir. Yo soy bollera, lesbiana. Y tengo mis creencias. Diversas. No las sé ni yo. Pero yo sé que creo en Dios, lo tengo claro desde pequeña. Y fue una elección personal, nadie me forzó a ello porque ni siquiera estoy bautizada (mi familia es la única atea consecuente que conozco). Corroboré que era creyente el mismo día que me di cuenta de que era bollera porque el amor que sentí hace unos años por una mujer me acercaba a Dios. Ambas salidas del armario vinieron de la mano. No puedo separarlas.

Yo no me considero una lesbiana que « ha nacido así » porque eso sería meterle un palazo a la construcción social del individuo y además me suena asistencialista. Tampoco me puedo considerar una « lesbiana política » o « conversa » a día de hoy. Yo no llegué al feminismo primero y al lesbianismo después (de hecho lo de que yo era feminista me di cuenta hace apenas cuatro telediarios). No decidí mi deseo lesbiano con la razón, ni en frío. Ni siquiera decidí en frío mis mudanzas porque siempre las decidía en torno a chicas que hacían sentir que mi corazón flotaba. Además hay quien confunde la (evidente) construcción social con el superficial postureo en las redes sociales y círculos de afinidad,  hay quien confunde la deconstrucción del deseo heterosexual con mentir diciendo que sufren opresiones de género u orientación que es evidente que no sufren, y hay quien incluso piensa que (dentro del ghetto feminista) ser bollera es un privilegio frente a ser hetero (y por eso deciden aparentar ser bolleras)… Nada más lejos de la realidad, y no hay patada mayor a los derechos de las y les pan-bi-bollo que ese pensamiento.

Si no me conviene abordarme por la genética ni me conviene abordarme por las teorías hiper racionales, voy a argumentar mi lesbianismo con lo intuitivo, lo espontáneo, lo espiritual, lo intangible. Soy lesbiana porque Dios así lo ha querido, y punto. Quiso esto para mí. Mi camino personal para llegar a la paz eterna, es ése, sin duda alguna. Tengo todas las cartas para ello. Por eso para mí el lesbianismo no se limita a política terrenal, va más allá.

Por eso he decidido que voy a cambiar mi trayectoria. Y que voy a centrar mis esfuerzos en demostrar que las bi-bolleras y demás personas cisheterodivergentes formamos parte activa de la historia de las religiones y todo tipo de creencias ancestrales, que en esos libros molamos mucho más de lo que nos/os han contado.

Sé que es más sencillo abrazar el apateísmo y tirar la toalla en vez de tirar de archivo en bibliotecas buscando documentación acerca de mitología y espiritualidad transmaricabibollo, yendo aquí, allá, entrevistándote con unes y con otres, sin parar ni para comer. Me costará encontrar fuentes, sabré lo que sufre mi gran amigo marica e historiador (ambas cosas las hace con una vocación esquisita), sabré lo que sufre el imán Ludovic Mohamed Zahed (que se ha currado tesis sobre la homosexualidad en el Islam), me conocerán en todas las biblios, pero bueno, asumo el riesgo.

 

Hay quien me dirá, que cómo puedo centrar mi lesbofeminismo en la antropología de las religiones si jamás vi a Dios. Yo las diré que hay quien centra su feminismo en hacer pedagogía con los hombres cuando jamás se ha sabido de la existencia de un sólo hombre cishetero que sea feminista.

Hay quien tiene su ilusión, yo tengo la mía.

C:

Dios me hizo queer. Pegatina vista en la Manifestación del 8 de Marzo en París del 2014 en el bloque "8 Mars pour touTES"

Dios me hizo queer. Pegatina vista en la Manifestación del 8 de Marzo en París del 2014 en el bloque « 8 Mars pour touTES »

El carácter polimórfico y multicolor del machirulo en el espacio público

Hace mes y medio, se supo de la agresión sexual que protagonizó recientemente nuestro querido fascista más traducido, el señor Alain Soral, el cual insultó a la modelo Binti (tras acosarla por internet) de « puta a la que nadie iba a querer, porque los negros con buen gusto se van con las blancas », y que era una « negra de mierda que en 10 años iba a parecer un viejo hindú ».

Un caso muy significativo, de un tipo de acosador muy significativo: El que aprovecha no sólo su privilegio de género, sino también su privilegio de clase y raza. Caso del que poco habla ese feminismo mainstream y más blanco que un gusiluz.

Por eso me he animado a la empresa de traducir este excelente artículo de Clemmie Wonder, sobre el carácter polimórfico y multicolor del acosador del espacio público, ya que en ocasiones parece que algunos acosadores tienen más prioridad que otros… 

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Alain Soral es uno de tantísimos blancos que no duda en acudir a su privilegio de género, clase y raza a la hora de agredir sexualmente a una chica.


« Vamos a ver, si no respetan a sus mujeres es su problema, aquí estamos en Francia »

« No soy racista, pero es que estoy harta de que me acosen por la calle »

« Es su cultura, tienen otra forma de concebir la seducción »

Estas declaraciones no pertenecen a miembros del Frente Nacional, ni siquiera a gente que se digan o piensen racistas. No. Son frases que he escuchado y escucho cuando se habla del acoso callejero.

Porque, como hablaba recientemente un artículo de Rue89,  es un hecho: Para muchas personas, inclusive las que sufren acoso callejero, los agresores son siempre chicos de la banlieue, chicos de barrio, inmigrantes, chusma, canis, moros, negritos… Hablo a menudo de acoso callejero con muchas personas, y la recurrencia de las frases que he citado antes, me entristece.

Bueno, de hecho me cabrea. Hace que me salga de mis casillas

Porque cuando sólo se habla de un tipo específico de acoso callejero, mis compañeras blancas y burguesas invisibilizan totalmente otro tipo de acoso que vivimos las mujeres racializadas con la misma frecuencia y la misma violencia.

Vivo en un barrio muy burgués, que es también el barrio de las putas en esta ciudad. Hace unas semanas, un hombre de unos cincuenta años se dirigió hacia mí. Rápidamente, sin presentarse ni siquiera saludar (sí, ni siquiera un « qué pasa nena »), el tío propone follarme, tiene dinero, quiere metérmela. Lo que tardo en asimilarlo y reaccionar, intento alejarme declinando la oferta, molesta. Pero el señor me atrapa, me estampa contra la pared e insiste, murmurándome « venga, que tengo ganas, puedo pagarte, déjate hacer, estás tan buena… », las suplicaciones del tío daban a entender que el hecho de que él tuviera ganas justificaba lo que estaba haciendo. Me faltan unos segundos para reaccionar. Entonces exploto. Le insulto con todas las palabras que conozco, le empujo, me zafo, le grito, le pego, y por fin se aleja.

La gente que pasa por la calle sonríen, como divirtiéndose. Yo tiemblo, estoy como una olla a presión, y no entiendo qué ven de entretenido en el tema. Y entonces, cuando decido seguir caminando, escucho al dependiente de la tienda de zapatos de al lado (que salió para ver lo que pasaba) decirle a su colega « bah no es nada, tan sólo una prostituta que ha hecho un escándalo »

Si una burguesa que hubiera sido acosada de esta misma forma por un cani o por un inmigrante, la gente no habría tardado en preguntarle que qué tal estaba, si el chico la había hecho daño, o si quería o no llamar a la policía. Pero soy una mujer racializada en shorts ajustados y desgastados que declina la oferta de un señor que debe de tener en la cartera unas tres veces el alquiler de mi casa, por tanto tan sólo soy « una puta que monta un escándalo ». Porque rechazar una oferta de un hombre de clase superior, es siempre « montar un escándalo », es hacerse la interesante, es menos legítimo que rechazar esa misma oferta de parte de un cani, porque para un hombre, el dinero es sin duda poder de seducción, porque no están para nada lejanos los tiempos donde podías hacer lo que quisieras con las mujeres indigentes en una esquina de la calle sin pagar la más mínima consecuencia…

Son siempre blancos también, los tíos que me siguen con el coche (a veces con el cochecito del bebé dentro) hasta el portal de mi casa, incluso después de decirles y repetirles que no, que no estoy trabajando, que estoy volviendo a mi casa y que me dejen.

Siempre son blancos los que creen que el dinero da derecho a.

Son a menudo blancos aquellos que me exotizan y proyectan en mí sus fantasmas neocolonialistas acompañando su ligoteo pesado de todos los clichés sobre las negras: « gacela », « tigresa* », « leona », « salvaje », « Beyoncé », « Rihanna », « *chicanegrasexyqueestédemoda* ».

Y son bien blanquitos también los tíos de la Escuela de Comercio del barrio que vienen a la esquina de mi calle a pillarse el pedo con cerveza. Eran todos bien blanquitos y vestidos con polito por la noche los que, después de rechazar su invitación a sentarme con ellos en la misma mesa, empezaron a llamarme « Nafissatou » [nombre de la mujer que fue agredida sexualmente por Dominic Strauss-Khan, n. de la T] y a gritarme de forma que todo el mundo lo oyera, cómo me iban a follar a la mínima que bebiera o que dejara mi vaso lejos de mi vista. Eran una gran mesa de tíos blancos de buena familia que les parecía graciosísimo de amenazarme explícitamente con violarme (pero « de coña », claro) para castigarme por haberles dado calabazas.

Fue después de una noche de la Escuela de Ingeniería que rechacé educadamente a un chico aparentemente muy educado pero que después me insultó llamándome « negra de mierda » [traducción aproximativa de ‘sale négresse’, en verdad el insulto original es mucho más fuerte, n. de la T] y diciéndome que no me montara películas porque las « chicas como yo » sólo forman parte de esas que los hombres quieren follar mientras esperan a aquella con la que se quieren casar.

En el trabajo también. Era un burgués de bien el que, cuando todavía yo era todavía becaria, me llamaba a mi puesto saludando a mis jefes antes de decirles « es con esa pequeña becaria con la que quiero hablar ». Era un gran burgués el que en una noche de inauguración me prometió que haría de mí « alguien », como si yo no fuera nadie. Era un blanco el que, enmedio de una reunión, delante de mis colegas y superiores, se entretenía comentando las dimensiones de mi cintura y a quejarse de que rechazara sus invitaciones para ir a cenar. Fue un grupo de blancos el que, después de la realización de un proyecto común, encontraron que sería divertido « rularme entre todos » para celebrar nuestro éxito. Siempre han sido los blancos los que han amenazado con « taladrarme por enmedio » si no me ponía a cuatro patas. Siempre han sido blancos los que me han « tomado como rehén » aprovechando su posición de poder para que yo me tenga que sentir arrinconada, pequeña, humillada, obligada. Siempre han sido blancos los que me han hecho sentir que, haga lo que haga, de un momento a otro pasaré a ser de nuevo un coño con patas.

Así que sí lo sé, hay muchos « qué pasa nena », muchos « qué buenorra estás miarma ». Pero en esto no hay mucho misterio: Si los chicos de barrio y los canis están en la vanguardia de los acosadores callejeros, es porque el puesto de « acosador sexual en el trabajo » y el de « acosador sexual en los bares » ya estaban cogidos. Pero lo que pasa es que a la « gentuza » de los barrios, nunca apetece verlos en la calle. Los banlieusards, los canis y la chusma tan sólo toman el espacio que la sociedad les deja. No digo que su sexismo sea menos fuerte, o menos violento. Sólo digo que quizás sería el momento de no sólo hablar de ese tipo de acoso. Porque mientras nos regodeamos en el cani, el burgués se sienta, despliega sus piernas y se instala.

Y de poner las cosas en su lugar:

A ver, lo que da rabia, no es ser acosada por un hombre de clase inferior. Tampoco lo es que él piense que yo soy una chica de su barrio.

No, el problema tampoco es que su vocabulario sea limitado, o que a sus piropos les falte ingenio o palabras de más de dos sílabas.

Lo que da rabia es ser sexualizada, en todo momento, todos los días, en todos los contextos.

Lo que es molesto, es la banalización del insulto sexista en el espacio público.

El problema es que me siento menos legítima a ir y venir en este espacio. El problema es que a pesar de mi derecho inalienable de pasearme, me dan ganas de pedir disculpas por estar ahí presente, me siento una intrusa en la acera, como una invitada sospechosa a la cual habría que vigilar sus gestos. Y su culo.

Digámoslo de una vez por todas: El acoso callejero no tiene origen geográfico, religion o cultura (a excepción de la cultura de la violación). El acoso callejero es una consecuencia del patriarcado, Y el patriarcado no sólo es defendido por los chicos de barrio, también por todos aquellos que creen y afirman que la culpa siempre es de los demás. El patriarcado lleva tanto traje y corbata como chándal. Pero parece más fácil regodearse más sobre uno que sobre otro…

Queridas personas anti-sexistas: sufrir una opresión no debería ser jamás un pretexto para enarbolar otra. Cabrearse por estar cosas está (muy, muy) bien. Pero hacerlo con inteligencia y sin etnocentrismo, es mejor.

Besos

*Lo sé, no hay tigres en África, son los machirulos los que no están al corriente

Yabarí presente!

El ‪#‎Patriarcado‬ ganó de nuevo, pero no le salió gratis.
El gobierno de ‪#‎Irán‬ ahorcó a Reihané Yabarí, la ‪#‎mujer‬ que mató a su violador.

Los llamamientos internacionales no han funcionado y las autoridades iraníes ahorcaron hoy sábado a Reihané Yabarí, la joven condenada por matar al hombre que, según ella, trató de violarla y cuyo caso movilizó al mundo en defensa de los derechos de las mujeres en Irán.

Para muchos activistas, organizaciones de derechos humanos y su familia, esta ejecución supone un duro golpe para el derecho de las mujeres a actuar en defensa propia y a contar con un juicio justo en Irán, un país en el que rige la sharía (ley islámica) y donde solo los varones pueden ser jueces.

El suceso tuvo lugar en el 2006 y Yabarí, que tenía entonces 19 años, fue condenada a muerte tres años más tarde en un proceso que, según varias organizaciones internacionales, no tuvo las garantías necesarias e incluyó confesiones extraídas bajo tortura.

« Esto no es justicia, si alguien actúa en defensa propia ninguna sociedad lo considera un crimen, nuestra ley también lo contempla, pero los jueces se negaron a ver que mi hija se estaba defendiendo », dijo a Efe Pakravan entre lágrimas.-

Porque defender nuestra vida implica a veces perderla y reclamar nuestra dignidad nos cuesta la vida.

GRACIAS REIHANÉ. Gracias Compañera. Gracias Hermana. Gracias por tu vida que sacrificaste para demostrarnos que tenemos el deber prioritario de defender la nuestra.

Un violador menos. Ninguna agresión sin respuesta

Texto: Vanessa Rivera de la Fuente

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