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El amor es amatonormatividad.

Siempre que se habla de diversidad sexual, la diversidad afectiva se eclipsa. O en realidad no, no se eclipsa: Se sobreentiende que, conforme se establece una relación, se establece tanto por « amor » como por sexo. No hay nada más peligroso que pensar eso. Porque piensas en un « pack » que te tienes que llevar a la fuerza. Es como cuando pides en un restaurante de comida rápida (vegano,en mi caso, en el tuyo ojalá también) que por favor, que no te pongan patatas, que te pongan una ensalada. O peor, cuando sólo pides la ensalada. En realidad es peor, porque no es un servicio aislado y puramente económico, sino donde juegan además del económico otros factores. Ese cúmulo de factores que son ni más ni menos que el patriarcado.

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Estos factores de los que hablo son entre otros el sexocentrismo y la amatonormatividad. Éste último significa « imposición de la vinculación romántica y recíproca a alguien ». Nos crían en la ideología del tener pareja desde nuestros primeros días de vida, y que esta pareja nos tiene que atraer a todos los niveles. Esta imposición viene no obstante acrecentada por otras problemáticas del patriarcado, a destacar el género: Cuanto más te acerques a la feminidad o al género femenino, más se impone la vinculación romántica, para pasar a ser novia de, compañera de…

Cuando estás en una pareja heterosexual, la chica es la novia de, es su pertenencia. Él a ella podrá pegarla, menospreciarla, violarla, y hasta matarla: La sociedad dirá que « falleció », cual muerte súbita, cuando fue él quien la mató. La mujer maltratada no sólo depende del maltratador, depende del propio sentimiento romántico en sí (llamado « enamoramiento » para que suene más bonito), de ahí que, en ocasiones, una mujer pueda sufrir a lo largo de su vida varias situaciones de malos tratos con personas diferentes y de incluso géneros diferentes.

Así pues, por mucho que se quiera reformar el término « pareja » con gilipolleces sacadas de Acción Poética, por mucho que la propiedad privada pase de una persona a dos o tres, la amatonormatividad oprime, el amor es propiedad privada, por tanto mata. 

Puede haber quien me argumente, de manera tremendamente LGTBIfóbica, que « el amor es un invento para que la especie se siga reproduciendo ». Si bien es posible que inicialmente esa fuera la « intención » del patriarcado, hoy en día no es necesaria, incluso cada vez hay más parejas cisheterosexuales que se fugan del natalismo obligatorio… En cambio, en el mundo LGTB (más LG que TB) observamos el camino contrario, observamos que la frase mencionada tiene un calado inconsciente en las disidencias sexuales, y se calca. Y se reproducen situaciones de malos tratos, de posesividad… Y ahí, el natalismo puede existir o no. Por tanto, el objetivo de la amatonormatividad no es la ‘supervivencia de la especie’, al menos ya no lo es: Su objetivo es la desigualdad, establecer relaciones de poder.

Si eres GODI/LGTB no te libras del sexocentrismo y la amatonormatividad. Si eres transfeminista tampoco. Es que ni siendo activista del poliamor te libras, es más, por norma general, creo que no se están planteando bien los discursos poliamorosos. Estoy harte de discursos de poliamor cuyo argumento a extractar es « el poliamor es bueno porque puedes follar con más gente y así saciar tus instintos primarios », como si tuvieras que follar con todas tus relaciones, o como si tuvieras un vínculo romántico con todas tus relaciones… Mientras les amigues, aquelles con lxs que no follas, quedan relegados una vez más a un segundo plano.

Sería buena idea potenciar del discurso de la anarquía relacional, que intenta no sólo romper con la monogamia, sino con la jerarquización de las relaciones del tipo « primero la(s) relacion(es) sexoafectiva(s), y en segundo o tercer lugar las amistades ».

También sería buena idea visibilizar las identidades asexuales y arrománticas, ya que tenemos bien poca en los espacios de orientaciones disidentes, además, pienso que tenemos una capacidad subversiva de la que poca gente ha hablado hasta ahora; os recomiendo pues, que sigáis este 14 de febrero el hashtag #AcephobiaLike y #AphobiaLike.

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  La atracción romántica (enamoramiento) como un espejismo.

 

Por consecuente, estaría muy bien aclarar los diferentes tipos de atracción que se han podido delimitar. Las que más se suelen mencionar son la sexual, la romántica, la platónica y la estética. Se pueden encontrar definidas en páginas como Asexual ACES (página que recomiendo), en cambio no dejan de estar definidas de una manera normativa a su vez, incluso falaz.

Conviene recordar qué significa atracción. La definición más correcta que he encontrado es « lo que despierta interés o simpatía ». Profundizaría y diría « lo que despierta un interés sensorial positivo ». Éstas se van conformando con las imaginerías culturales que se van construyendo en la mente, aunque también algunos ‘dados’ conforme su neurodiversidad. Eso es cierto. Pero la atracción es ante todo un ejercicio sensorial. Te pueden atraer ciudades, paisajes, músicas, escritos… Y también personas. Las personas como son seres animados, con sistema nervioso y voluntad, pueden sentirse atraídas o no por otras personas, esto es, puede haber reciprocidad o no haberla, se puede « pasar al acto » o no. Por eso no hay que aspirar a tanto con definiciones grandiosas, y definir la atracción como lo que despierta un interés sensorial positivo, simpático, armonioso, agradable.

Partiendo de ahí, intentaré redefinir las atracciones más conocidas:

  • Atracción estética: Interés sensorial positivo ante la apariencia física de una persona, generalmente acompañado de una excitación cerebral. La defino como atracción primaria.
  • Atracción platónica (squish)Interés sensorial positivo ante la personalidad de una persona, generalmente acompañado de una excitación cerebral. Se puede buscar una reciprocidad y materialización (charlar, incrementar la confianza) o se puede no hacerlo. La defino como atracción primaria.
    • Hay quien define la atracción platónica como « buscar amistad con alguien » cuando primero amistad es de por sí un concepto de ‘segunda división’ (The Thinking Aro aquí lo explica muy bien) y segundo, definir las atracciones (cualquiera) partiendo de un supuesto de reciprocidad es falaz y discriminatorio, ya que hay gente cuya atracción no busca reciprocidad ni « materialización ».
  • Atracción sexual: Interés sensorial positivo ante una persona y generalmente acompañado de una excitación tanto física como cerebral que sintomatológicamente predispone al acto sexual, pero… ¡Ojo! Se puede buscar una reciprocidad y/o materialización (actividades de alto rendimiento sensorial) o se puede no hacerlo (porque le-s otre-s no quiera-n, creas que no quiere-n, o tú no quieras materializarlo). Esta atracción depende de las dos anteriores mencionadas (bien de la estética, bien de la platónica, bien de una combi de las dos), por lo que es una atracción secundaria.
  • Atracción sensual: Interés sensorial positivo ante una persona y generalmente acompañado de una excitación tanto física como cerebral que sintomatológicamente predispone a actividades sensuales, y se puede buscar una reciprocidad y/o materialización o se puede no hacerlo (ídem de arriba). Es también una atracción secundaria al depender de la atracción platónica y/o de la estética.
    • Las actividades sensuales se diferencian de las sexuales por su « bajo rendimiento de excitación sensorial física ». Que su rendimiento sea más bajo que en las sexuales no la convierte en le « hermane fex » de la atracción sexual, la atracción sensual es tan válida como la sexual.
    • Hay quien define las actividades sensuales como besitos y abracitos. Nada mas lejos de la realidad. Habrá quien considere un beso como una actividad sexual, y habrá quien considere un fisting hasta el duodeno como una actividad sensual. Ahí ya cada persona establece sus baremos.

Todas estas atracciones responden a estímulos directos de los sentidos (estos estímulos pueden existir o no, pueden estar más o menos condicionados culturalmente etc…).

Una atracción, por tanto, no « busca ». Una atracción no busca, per sé, establecer un tipo de relación. Eso es una imaginería que, aunque se « dispare » a la vez que una de las atracciones mencionadas, no tiene que ver con ésta.

No he incluído la atracción romántica como otro tipo de atracción. El motivo principal que me atañe aquí, en este artículo, es exponer la falacia del concepto. Según mis resultados cuando googleo ‘romantic attraction tumblr’, la atracción romántica responde a « quiero tener una relación romántica contigo ». Lo que:

  • Contradice totalmente la definición de atracción que hemos dado arriba
  • No se puede definir algo utilizando el mismo término que defines
  • Discrimina orientaciones grisrrománticas, la lithromántica por ejemplo

 

La atracción romántica (el enamoramiento) no es una atracción, es una expectativa fruto de la amatonormatividad: Lo que se entiende como atracción romántica o enamoramiento no deja de ser un « pack » de las cuatro atracciones anteriormente mencionadas. Si ante una persona se dan esas cuatro atracciones simultáneamente está muy bien, y por supuesto que se puede experimentar, eso no lo niego. El problema es intentar imponer que, por ejemplo, si una persona te atrae estéticamente, también te tenga que atraer en los otros tres campos (a destacar el sexual). Esa imposición es entre otras cosas la amatonormatividad y el sexocentrismo.

Hay fuentes, más alternativas, que definen atracción romántica o enamoramiento como « querer una relación íntima con alguien »… ¿Y qué significa pues, querer una relación con alguien? ¿relación cómo, tradicional? ¿así es como define alguien poliamorosx la atracción romántica? ¿lo define como « búsqueda de intimidad » cuando también se puede buscar intimidad en relaciones arrománticas como las queerplatonicas? No, eso que sientes no es atracción, eso es una expectativa. Pero no es una atracción. Nos han metido la idea del cupido, de los flechazos, y así pasa. No, no te puedes sentir atraíde por el hilo conductor que te une a alguien, al igual que no te puedes sentir atraíde por el tiempo, por los minutos del reloj. Ahí reside el mal de la amatonormatividad: Confundir atracción y expectativa, deseo y objetivos, estímulo sensorial y « lo que se espera de ».

La única finalidad de esa expectativa es imponer la relación romántica, por tanto, el sexo obligatorio en X frecuencia. Ahora no hablo de monogamia, hablo de relación romántica. La amatonormatividad y el sexocentrismo cooperan constantemente. Las bases de la relación romántica es que obligatoriamente te tiene que gustar todo (apariencia, personalidad, sexualidad, interacciones corporales) de alguien-es. Esa imposición es de por sí es una falta de consentimiento constante establecida por la sociedad patriarcal. Si bien es cierto que hay relaciones románticas asexuales, se sigue imponiendo la atracción recíproca en otros aspectos. Pero por otro lado lo bueno es que, si el sexo no se impone (como tampoco la dependencia, los celos, la monogamia, etc), vemos cómo el romanticismo y la atracción romántica (o enamoramiento) demuestran ser unos conceptos epistemológicamente vacíos de contenido. 

La amatonormatividad podemos afrontarla personalmente ¡O no! Pero sí que posiblemente, cuanto más critiquemos a la monogamia, al amor romántico y al concepto de amor mismo  tal y como (se supone que) hacemos con la heteronorma, más fácil se nos hará abordar análisis. Esto no es una competencia a ver quién se ‘libra’ antes de la amatonormatividad: Vamos todes en el mismo barco, y vamos a salir del mismo barco juntes, colectivamente. Pretender salir del tiesto cuando crecimos en él y sentirnos superiores por ello, sería una manera individualista y para nada ‘radical’ de ponerle fin al problema. Lo personal no sé si será político…pero lo radical, es, sin duda, colectivo.

En resumen y como propuesta de una solución conciliadora, pese a que es necesario seguir usando el términos sobre orientaciones románticas, para empoderar a ciertos núcleos GODI, poliamorosos, y del espectro arromántico (como es mi caso y el de muchxs compas), conviene combinar bien las pequeñas conquistas con los ataques al sistema, combinar reformismo y revolución: No conviene olvidar la inclusión de todo el mundo, como tampoco el análisis estructural, la amatonormatividad que nos mueve, la amatonormatividad que ha vendido el concepto de « amor » a la propiedad privada que supone la pareja, que ha malversado el concepto de amor hasta conventirlo en la misma mierda que la propia amatonormatividad. Amor es amatonormatividad, y son unos espejismos que matan, día a día, mujeres e identidades de género no hegemónicas en todo el planeta.

Por cierto, Feliz San Valentín y tal.

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El ‘punto intermedio’ del deseo que impone el amor

En los movimientos transfeministas se habla mucho de la diversidad sexual en materia de orientación, pero no en materia de deseo. Partimos de la base de que todo el mundo se siente atraídx sexualmente por otres en las mismas circunstancias, que todo el mundo tiene los mismos ritmos, o que « todo el mundo va buscando ». Nada mas lejos de la realidad. El deseo en sí, está condicionado por muchísimos factores, pues se cruza con la mal llamada « atracción romántica ». Para empezar, estamos condicionadxs (en especial las personas de identidades no hegemónicas) por la imposición del amor; y no hablo del amor romántico, hablo de la idea del amor ‘sexoafectivo’ en sí: De esa necesidad de estar otra(s) persona(s) para « ser alguien ». El sistema patriarcal te insta, además, a que sólo puedes tener relaciones sexuales con gente con la que tengas un vínculo sexoafectivo: No puedes follar con alguien con quien no tengas un vínculo afectivo: Si una chica « engaña » a su novix con su mejor amigx de toda la vida está mal, pero si esa chica « engaña » a su novix con un chicx al cual conoció en una discoteca en una noche y ya a partir de ahí follaron unas cuantas veces más… ¿adivináis lo que la van a llamar? También tenemos el caso contrario, ¡no puedes abstenerte de no follar con tu pareja pues entonces vas a ser el hazmerreir, o ‘una mala persona’! Sin ir más lejos, en el contrato matrimonial es obligatorio tener relaciones sexuales con tu cónyuge. Obligatorio. Este trozo de papel, aunque no exista en parejas no-legales(abiertas, cerradas), su ideología se traslada también a éstas, y el sexo se convierte en un deber. Así pues, en este « contrato » que busca un ‘punto intermedio socialmente aceptable’ entre gente allosexual y asexual… ¡No respeta ni a lxs unxs, ni a lxs otrxs! Y, por supuesto, tampoco respetan a la grissexualidad, ni a las diversísimas fluctuaciones del deseo sexual que están excelentemente recogidas en este glosario. La persona que se encuentre en una fase muy allosexual se tendrá que ver forzada al « pudor » y la « prudencia », mientras que la persona que se encuentre en una fase muy asexual se tendrá que ver forzada a tener relaciones sexuales para ser aceptada socialmente (¿cupiosexualidad?). Evidentemente, este sistema de coacción de nuestros (no)deseos, es impuesto más a las mujeres y demás identidades no hegemónicas, que a los hombres cis. De ahí cabe ver el abanico de deseo sexual que puede presentar un hombre cis en nuestro día a día, donde nos encontramos desde hombres cis que no experimentan ningún deseo sexual, a hombres claramente allosexuales (mejor aceptados socialmente). No obstante, cabe mencionar que los hombres cis sí que reciben críticas sobre su deseo sexual cuando se salen de la heteronorma, por eso es frecuente ver a gente cis-hetero quejándose tanto de su allosexualidad (de las zonas cruising, por ejemplo) como de por ejemplo su demisexualidad (quejarse de las parejas gays que son demasiado ñoñas porque « repiten roles », etc) En lo que a mí me atañe, el mundo lésbico y transfeminista, este ‘punto intermedio’ lo veo inconscientemente muy presente. Imposición que, no olvidemos, viene a raíz del amor. Porque además este romanticismo puede ser monógamo, no-monógamo, o incluso poliamoroso. Puede estar en el mundo hetero, pero también en el lésbico/bi/pan/poli. Hablaba precisamente la compañera D. que percibe un « hiperromanticismo » dentro del mundo lésbico, cosa con la que concuerdo, porque en el sistema patriarcal a las mujeres y otras identidades se nos impone ESTAR con alguien o con álguienes.  Por narices. Por obligación. A ese alguien encima no lo puedes buscar tú, sino venir a ti (« quiere a quien te quiera y no a quien tú quieras »). Tu deseo sexual no puede ir ni venir al antojo de las fluctuaciones químicas de su cerebro. La que no quiere follar nunca, es monja y se la evita. La que quiere follar mucho es una zorra (en ambientes menos slut shaming, se la llamará hipersexual… o tía babas) y se la evita también. Y la que tenga a su deseo sexual apareciendo y desapareciendo aleatoriamente cual delfines en el mar (burstsexual), pues « está loca » y como « no sabes por dónde pillarla » se la evita también. Monjas, zorras, locas ¡tenemos más en común de lo que pensamos!

Las tartas, los cupcakes… son símbolos de la comunidad asexual: El negro, el morado y el blanco los colores de su bandera.

¿Sería correcto pues, hablar de esta imposición como de una « demisexualidad » impuesta? Desde luego que NO. Por eso hablo de ‘punto intermedio’. Es cierto que la utilización de la ‘demisexualidad’ (la única definición sexual de la escala gris conocida por el gran público) tiende en ocasiones a ser bastante polémica. La gran mayoría de las definiciones y vivencias sobre la demisexualidad que leo en canales mainstream , son de demisexuales consideradxs románticxs (porque lo mainstream es romántico por lo general, jé), que aprovechan su manifiesto para enarbolar el romanticismo, la monogamia…y en ocasiones, el slut shaming. Hay que entender el condicionamiento social de estas definiciones usuales y definir (como bien viene aquí) la demisexualidad como una atracción sexual que surge sólo tras la atracción secundaria (cuando se conoce mejor al otre) y no tras la atracción primaria (primera impresión), y comprender que pese a la imposición de la cultura del amor, la demisexualidad se podría dar independientemente del ‘romanticismo’, ‘arromanticismo’, o grisrromanticismo que haya de por medio. Hay muchísimas personas demisexuales en las redes que se consideran arrománticas, pero sus discursos son menos conocidos porque los discursos arrománticos (comúnmente llamados ‘aro’) no convienen, así en general, sea cual sea su ‘nivel’ de deseo e incluso su orientación. No obstante, es necesario también el discurso demisexual (y el asexual, y el allosexual) romántico, para así ponerle un nombre a tus sensaciones, aunque este deseo esté condicionado por esta cultura de la media naranja, y de paso reconocer el que yo llamaría « privilegio romántico ». En todo caso, pienso que deberíamos de hablar más cancha al autoconocimiento de nuestro deseo. Analizarlo, expresarlo, ponerle todas las etiquetas necesarias para precisamente destruir ese ‘punto medio’ impuesto. Visibilizar los discursos « extremos ».Todo esto sin pisar las etiquetas de deseo sexual que puedan tener el resto, esto es, por ejemplo: Que ni el discurso sex-positive pise a lxs asexuales con frases pedantes como « el sexo es una necesidad básica », ni que el discurso asexual caiga en un discurso moralizante de « es que la sociedad está hipersexualizada ». También, no todo es blanco o negro, y convendría analizar las fluctuaciones de nuestra líbido, darle nombre aunque sea un nombre poco conocido: Burstsexual, ceasesexual, dreadsexual, la ya citada demisexualidad… Y sobre todo, tendríamos que entender el condicionamiento de la cultura del amor. Por eso pienso que sería buena idea potenciar del discurso de la anarquía relacional, que intenta no sólo romper con la monogamia, sino con la jerarquización de las relaciones del tipo « primero la(s) relacion(es) sexoafectiva(s), y en segundo o tercer lugar las amistades ». Y, por otro lado, visibilizar a las personas arrománticas o no-románticas, pues pienso que tienen/tenemos una capacidad subversiva de la que poca gente ha hablado hasta ahora. Esta información podemos afrontarla ¡O no! tampoco niego, como menciono más arriba, la subversividad de las personas románticas si éstas tienen una orientación subversiva pues, de alguna forma, reconocerían este « privilegio » dentro del marco de nuestros colectivos transfeministas. Posiblemente, cuanto más critiquemos a la monogamia, al amor romántico e incluso al concepto de amor mismo (sexoafectivamente hablando), tal y como (se supone que) hacemos con la heteronorma, más fácil se nos hará librarnos (o no si no nos da la gana) de la imposición de este ‘punto medio’ en la líbido y, por tanto, descubrir cómo fluye nuestro deseo sexual, sin imponernos protocolos preestablecidos vistos ‘bien’ socialmente. Aunque también hay que respetar los tiempos de cada unx, y no convertir procesos sociales en competis. En resumen: Todas las personas de identidades no hegemónicas y/o orientaciones no hegemónicas podríamos aportar algo en este tema. Cuanto más rico en etiquetas sea el abanico en los movimientos transfeministas, más posibilidades tendremos de respetar a todxs nuestrxs componentes, a lxs cuales también hay que respetar en materia de ‘nivel’ de deseo sexual.

Pequeña muestra de más de una veintena de etiquetas posibles respecto a la orientación, el deseo, la atracción romántica…   A. Aromantic 2 B. Aromantic 3 C. Aromantic Aardvark D. Proquasexual E. Proquusexual F. Quoiromantic G. Cupiosexual 1 H. Cupiosexual 2 I. Lithromantic J. Skoliosexual K. Idemromantic L. Gray Aromantic M. Requissexual N. Akoisexual O. Platoniromantic P. Gray Asexual Q. Recipsexual R. Polyplatonic S. Novosexual T. Polyamory Symbol